miércoles, 23 de julio de 2014

Capítulo 3 de Crónicas Inmortales. Saga Noche de Brujas Vol. IV

Nuevo capítulo de la última novela de la Saga Noche de Brujas: Crónicas Inmortales.
La guerra de guerras está comenzando y Antoine está en el bando contrario. Conoce el rostro de su oscuridad
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Capítulo 3: “Lidiando con el presente”
(Narrado por Antoine)
Estaba de lo más aburrido esperando a que Devorah diera sus nuevas órdenes. Hacía varios días que me había escapado de Dominic y el aquelarre Lestrath. No quería saber nada de ellos ni darle explicaciones a nadie porque simplemente no las tenía. Eran una maldita agrupación de traidores que deseaban enseñarme los “modos” del vampirismo cuando ya era un inmortal completo desde antes de conocerles. Dominic era más pusilánime que la misma Felinnah, la sempiterna detrás de la cual escondía su espalda. Renatta y Bruno no tenían cabida en esta historia. La misma Devorah me lo había explicado todo y por supuesto que le creía. Yo, en cambio, era el protagonista y el antagonista de mi novela. Sabía que había estado con ellos por unos días, aunque las imágenes de lo que habíamos hecho o dicho, se habían borrado de mi cerebro. Ayudaban a los brujos, de eso sí tenía la certeza, y me parecía absurdo. Si en estos instantes me preguntaban ¿qué sentía por los hechiceros de L’essence o cuál era mi posición ante ellos? Debía responder… ninguna. Cuando algo te causa odio, quiere decir que es relevante para ti. Yo escuchaba y escuchaba, aquelarre tras aquelarre, despotricar contra la “fiera” Madison, la gran hechicera, y me reía. Devorah no lo encontraba nada divertido, por lo que me obligaba a callar. Nada me interesaba más que sobrevivir. Las circunstancias externas me resultaban una paradoja divertida y extraordinaria.
Dentro del aquelarre Vilerious, llamado el aquelarre real, se me pedía matar a ciertas víctimas o victimarios. Por ejemplo, si un hechicero de L’essence tenía familia mortal, ellos eran mi objetivo principal. Acallaba sus voces sin pensar en ninguna consecuencia, puesto que ¿cuál sería la peor consecuencia de seguir a mi raza en plenitud? ¿Morir? Eso era improbable porque la princesa de los vampiros me protegía. Era alguien importante para ella, si es que a ella podía importarle algo en realidad. Fuimos amantes hacía muchos años, aunque ahora no me tocaba ni yo a ella. La deseaba, pero parecía mantenerse lo más lejos de mí que podía. Me parecía extraño. No obstante, discutir con ella solamente me llevaría a la perdición. En cuanto a alimentación, no tenía queja alguna. Mis festines podían tener lugar donde yo quisiera, siempre y cuando los D’Lion estuvieran conmigo, o alguno de los secuaces de la princesa. Me parecía innecesaria tanta estúpida protección. No la necesitaba, aunque sus órdenes eran inapelables. Decía que me había perdido de mucho y que ahora los vampiros precisábamos de mucho sigilo y cuidado, sobre todo yo que me encontraba un tanto confundido. “Nueva Orleáns ha dejado de ser un sitio hospitalario con los de nuestra raza”, se me decía. No lo dudaba. Con tanta maldita bruja vudú y de L’essence, no se me hacía nada raro.
Había huecos en mi mente que no podía llenar con nada. Recuerdos que se fueron y no regresarían. Lo último que llegaba a mi cerebro era que por alguna razón viví con Dominic y los Lestrath, y tuve que huir, aunque desconocía la longitud del tiempo que estuve ahí. Aquí todos decían que me había infiltrado entre ellos para conocer los pasos de Madison por órdenes de Dev, y que ella había borrado piezas de la memoria de mi estadía en el lugar para protegerme. Aun así, algo no terminaba de cuadrar. Devorah no me permitía cuestionar más de lo necesario, por tanto, me limitaba a pensar que lo olvidado no era preciso ser recordado, porque por algo se olvidó en primera instancia. Dejaría lo que me estorbara y continuaría mi lucha contra los hechiceros, la verdadera amenaza, según la misma princesa. Mientras tuviera un aquelarre que cuidara mi espalda, nada más importaba.
Extrañamente, me llevaba muy bien con Etienne del aquelarre D’Lion. Era uno de los amantes de Balthasar, por lo que a él no le causaba satisfacción alguna que estuviera conmigo, pero me importaba un carajo. Etienne, de alguna manera, era distinto a los demás. Se le consideraba cobarde, aunque yo sabía que cada paso que daba le llevaba al lugar que deseaba. Manipulaba a Balthasar y a Daphnée a su antojo, provocando que ambos se pelearan por él. Me parecía un inmortal entretenido, desairado y un tanto confiable. Lo que no podía decir del resto. Ashanti Drammeh y Niara, su hermana, me producían escalofríos. Observaban cada paso que daba y no me dejaban a sol o a sombra. Devorah había reclutado a más vampiros alrededor del mundo, pero no vivían con nosotros. Ella les mantenía bajo su influencia, hechizados con la magia del Hewa Mbaya que Ashanti alimentaba. Era la única forma de tenerles bajo control fuera de su alcance, porque sola no podía. Precisaba de la magia negra de la vampira para el “influjo a distancia”. No comprendía porqué los vampiros tenían que practicar magia. Se me hacía ridículo y a Etienne también, por lo que nos mofábamos de ese hecho cada que nadie podía escucharnos. Aquí todos debíamos cuidar las palabras que salían de nuestra boca, porque si molestabas a Devorah, eras carne muerta. Eso sí, ella no ejercía ninguno de sus poderes sobre mí porque no era preciso. Yo estaba con ella voluntariamente. Cuando regresé a sus brazos, me recibió con un beso apasionado y exquisito. Era lo más cerca que había estado de ella desde que la creí muerta. No rememoraba ninguna circunstancia por la cual no pudiera ser suyo, aunque respetaba su lejanía. Mi vida se desplazaba en la obscuridad y en la penumbra. Por algún estupendo motivo, sentía que me deslizaba como lagarto en el pantano. Ondeando la cola sin poder ver nada frente mis narices hasta llegar a los lugares más escondidos, siendo el depredador que siempre quise ser.
El día en que arribé a la guarida de los inmortales, en serio me sentía bien, libre. La miré y eso bastó para que me tuviera en su palma. El dolor de su supuesto fallecimiento, era lo único que podía recordar con claridad. La vi perecer unos años atrás a manos de los Nixon, en Nueva York.  Dev me explicó que todo fue un truco elaborado para acabar con el aquelarre Mircoff que la perseguía. No precisaba saber nada más. La vampira pasó sus frágiles y esplendorosos brazos sobre mi cuello. Tocó mi cabello como si no pudiera creer que me encontraba a su lado, pero quien no lo creía era yo. Me contó todo lo que tenía que saber sobre los brujos de L’essence y sus maldiciones, e hizo hincapié en la que todos llamaban “la hechicera de hechiceras”, la famosa Madison Alexander. Mi mente se bloqueaba instantáneamente cuando alguien mencionaba su nombre y no tenía idea de por qué, solamente sentía un profundo aborrecimiento por la bruja que estaba haciendo caer a todos los aquelarres. Tenía el deber de estar con los míos y pelear por nuestra existencia. Ese era mi propósito, además de alimentarme y pasarla sumamente bien cuando pudiera. El placer y el hedonismo eran mis nuevas doctrinas.
—¿Por qué tan meditabundo? —Etienne se aproximó para platicar conmigo en las catacumbas, pero escuché a Ashanti en la lejanía, espiando.
—Pienso en cuál sería la mejor forma de acabar con esos malditos brujos que no me permiten ver el sol —sonreí. Tenía una pierna posada en las paredes de piedra empolvadas y la otra apoyada en el piso, con los brazos cruzados, mientras miraba al techo lúgubre y borrascoso, repleto de telarañas que fulguraban como hilos plateados de formas magníficas ante mi vista vampírica—. Ya no aguanto el encierro. No soy una criatura de tumbas —reí—. A mí me gusta la vida eterna en las afueras. Creo que jamás terminaré de comprender por qué debemos permanecer escondidos. Lo bueno es que Devorah está luchando para que esto cambie.
—Sí —murmuró Etienne sin mucha convicción. Le miré suspicazmente y él se percató de ello.
—Quiero decir, tienes toda la razón. No me he alimentado y eso me tiene vuelto loco. Me hace falta una buena víctima.
Esbocé una sonrisa completa y sugerí:
—¿Qué tan malo sería ir por un bocadillo o dos antes de que Devorah retorne?
Etienne miró sobre mi hombro y Ashanti ya estaba parada a mi lado.
—Los comandos de Devorah no pueden violarse. Cualquiera que lo haga, morirá. No importa si eres tú, Caleb —su voz parecía más masculina que la mía. Era muy ronca y amedrentadora. Niara aparentaba ser su sombra. Siempre estaba detrás de ella sin pronunciar palabra alguna. Las dos vestían con ropas como retazos de tela negra que dejaban expuesta su piel cubierta de cicatrices de batalla. Era raro que un inmortal tuviera cicatrices, pero las que se quedaban plasmadas en la piel, eran sinónimo de haber sido causadas por alguien a quien amaron, siendo traicionadas. Con razón eran tan taciturnas y amargadas —reí a mis adentros—. Cosa semejante como el amor era inconcebible. Nos hacía débiles, nos derrotaba antes de comenzar una batalla. Yo era fiel a Devorah, una situación muy distinta al amor. Ella me mantenía con vida y le correspondía con lealtad. La mayor debilidad de los brujos era que vivían de sentimientos absurdos como ése, por tanto, la victoria sería nuestra.
Levanté las manos hacia adelante en son de paz y sonreí.
—Era una broma. Jamás desobedecería a la princesa —miré a Etienne y le guiñé un ojo, a lo que él respondió con una sonrisa.
—¡Etienne! —Gritó Balthasar.
—Estoy aquí en las catacumbas —respondió el vampiro volteando los ojos.
—No le culpes. Está celoso de mí, pero ¿quién no lo estaría? Podría tener a quien deseara con un solo guiño —torcí la boca. Jamás cometería la estupidez de tener sexo con un vampiro macho. La sola noción me producía arcadas, pero me gustaba la idea de provocar a Balthasar.
—¡Te he dicho mil veces que no puedes estar a solas con Antoine! —Exclamó enfurecido el sempiterno, propinándole una bofetada exorbitantemente fuerte.
—¿Tienes miedo de que se quede conmigo o que Daphnée siga sus pasos? —Me relamí la boca y enarqué una ceja.
—Tiene respeto hacia mí, cosa que deberías aprender —dijo Devorah entrando a las catacumbas y ocasionando que cerrara la boca inmediatamente como trampa de ratón que había caído, atrapando a su presa. Llevaba puesto un vestido color rosa sumamente pegado a sus exquisitos muslos. ¿Cómo no admirar su encanto? Era dolorosamente deliciosa.
—Era una broma —volví a pegar el pie contra la pared y erguí la cabeza. A mí no podría tratarme como a una de sus marionetas. Si me quedaba algo de memoria en los “huecos” mentales, se trataba de la manipulación. La respetaba y mucho, pero de alguna manera, no podía rendirme totalmente a ella. Era cuestión de principios. Ningún vampiro respetable se dejaba manejar sin ton ni son por una mujer. Llamémoslo machismo, de alguna forma tonta.
Me miró atentamente, estudiando mis acciones. Al parecer, no pudo encontrar en ellas lo que buscaba, así que se limitó a decir:
—Nunca me contradigas delante de los miembros de nuestro aquelarre. La única que manda aquí soy yo, ¿entendido? —Me tomó de la barbilla, apretándola con extrema fuerza hasta que me zafó la mandíbula. Me doblé en dos del dolor y caí hincado al sucio piso de piedra, cubriendo de polvo mis rodillas. Ashanti y Niara se carcajearon junto con Balthasar, pero Etienne no emitió sonido alguno. Algo escondía el chico que no se atrevía a decirme y yo a saber. Era mejor así. Me llevé la palma al maxilar descoyuntado y le acomodé en su lugar. Una ira desconocida me hirvió en la sangre. Mis pupilas se tornaron grises por instinto, como si me encontrara delante de un enemigo. Clavé los ojos en Devorah que no se movió ni un ápice. Su boca estaba apretada en una delgada línea. Al percatarme de que era ella a quien amenazaba mi mirada, respiré profundamente y cerré los ojos para que regresaran a su tonalidad cerúlea.
—Es hora de salir. Nos falta matar a un clan antes de comenzar con los Bardos —comandó. Sus amras debían ser cumplidos. No deseaba defraudarla y moría de sed—. Antoine, nunca vuelvas a obligarme a lastimarte más de lo necesario —su rostro se tornó inescrutable y a pesar de eso, podía percibir la clara y creciente ira en sus pupilas. Nadie la conocía como yo.
 
Espero sus comentarios aquí o en la fanpage de la Saga, amores. Es un honor que estén compartiendo conmigo este momento. El final ya está aquí.
Mariela Villegas R.

jueves, 17 de julio de 2014

"Crónicas Inmortales" La última novela de Noche de Brujas. Caps. 1 y 2

Esta noche quiero regalarles el final de mi Saga Noche de Brujas. Desde ante ya iba a subirla por aquí, pero no había tenido tiempo. Pero no importa. Iré subiendo los capítulos poco a poco, aunque no revelaré el fin completo. Pero espero que disfruten mucho de la lectura, sobre todo para quienes no conocen esta obra que ha quedado entre los BESTSELLERS DE AMAZON en FICCIÓN JUVENIL. Ya ustedes juzgarán. Les amo con todo el corazón. Besos. Mariela Villegas R.


"Crónicas Inmortales"
Noche de Brujas IV
 
 
 
 
Prefacio:
No puedo evitar comenzar a narrar esta historia con cierta reticencia. Mi vida ha dado tantos vuelcos como posiblemente se pudiera imaginar. Yo solía ser una joven que veía la vida pasar sin mayores complicaciones. Cuando la magia no me había tocado, no existía una sola situación que me perturbara más que la pérdida de mis padres. Muchas cosas han ocurrido desde entonces. Ascendí a la hechicería como la bruja que une el todo con el todo. Me enamoré de un vampiro, némesis de los míos, uniéndome a él por todas las leyes, y ahora mis poderes se consumen conforme avanza su camino hacia la completa aceptación de su inmortalidad. Una maldición se lo llevó de mi lado y le forzó a acabar con mi vida. ¿Cómo puedo contarles esta historia si ya no formo parte del mundo de los vivos? Eso lo sabrán muy pronto. El último desafío está tocando la puerta y lo que le espera detrás será la verdadera naturaleza de los brujos. Separen lo real de lo imaginario… el cielo está dispuesto a convertirse en uno con el infierno para poder destruirle.
 
 
Capítulo 1: “Recobrando Sentidos”
 
Abrí los ojos y me encontraba en mi habitación. Recordaba muy poco de lo que me había ocurrido. Todo resultaba tan extraño. ¿Dónde había estado? ¿Por qué me dolía absolutamente todo el cuerpo, más el centro del estómago? Parpadeé un par de veces, dejando penetrar en las retinas la luz tenue de mi lámpara favorita, posada en la mesita a un costado de mi cama. No podía moverme. Dolía demasiado. ¡Aghh! Demonios. ¿Acaso me atropelló un tren? Era bastante improbable. Con muchísimo trabajo, levanté un poco la cabeza para visualizar mi entorno, pero el resto de mi cuerpo permaneció quieto. Las voces de los ancestros se encontraban en silencio total, lo cual me pareció en extremo bizarro. Llamaba a mi madre con la mente y no obtenía respuesta alguna. De hecho, no podía abrir la boca. ¿Qué carajos me sucedía?
No había algo en mi cuarto que pareciera inusual. Todo estaba justo donde lo dejé una noche atrás, cuando me animé a ir al partido de futbol americano con Brett, Cat e Ethan. No fue una velada particularmente buena, al menos no para mí. Me la pasé recordando la última noche que había vivido con Antoine. Esa memorable noche en que estuvimos juntos e hicimos el amor una vez más, la vez. Su piel, su aroma, sus ojos azules y pacíficos, mi Antoine justo como adoraba, como memoraba en mis ensueños… y minutos después, la dolorosa y definitiva despedida.
¡Auch! El estómago en verdad me ardía. Parecía que alguien me hubiera golpeado con extrema fuerza, pero ¿quién se atrevería a hacerlo? Y, ¿por qué estaba petrificada, con mil demonios? Comenzaba a preocuparme. La guarida generalmente se encontraba envuelta en un barullo impresionante de voces y ruidos que se estrellaban contra las paredes. A eso había que sumarle los ecos incesantes de los ancestros que habitaban en mi cabeza y no se movían ni a sol ni a sombra (aunque eran ecos que podía acallar a voluntad puesto que había aprendido a controlarlos y no lo estaba haciendo en esos momentos). El silencio que se elevaba alrededor de mí era francamente ensordecedor. Mi madre siempre respondía cuando le hablaba. Incluso hablaba aunque no le respondiera. Tenía una opinión certera para todo y lo apreciaba, y como únicamente ocurría estando a solas, no me molestaba, puesto que Angelique era mi ángel guardián. Ni qué decir de mi padre, protector y amoroso.
Mamá, papá… llamé sin abrir los labios. Diablos. ¿Qué era este dolor tan arraigado en mi estómago? No se localizaba en el vientre bajo —analicé—. Estaba  justamente en la boca del estómago, en medio de las costillas, que por cierto no sentía. Un segundo. No sentía las costillas. No estaba respirando.
Intenté relajarme unos instantes. Algo aquí no era correcto. Levanté de nuevo la cabeza y volví a echarle un vistazo a mi habitación, imposibilitada para estirar un sólo dedo. Reconocía el entorno. En verdad aparentaba estar como la había dejado… a excepción de algunos detalles. Aquella noche de mi encuentro con Antoine, entré a mi habitación, cerré la perilla con seguro y me quité el vestido que llevaba, tirándolo encima del tocador. Tomé los pañuelos para secar el mar de llanto que me embargaba y me tumbé en la cama para ver a Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, una película bastante apropiada para mis emociones encontradas. Aquí, en este momento, no había rastro de papeles ni del vestido, ni nada por el estilo. Todo estaba tremendamente impecable. Era bastante aterrador. Intenté visualizar con la mente mi pecho, un tanto desesperada, para sentir mi corazón. Cerré los ojos. Inhalé aire y… nada. Ni oxígeno ni latidos. ¡Dios! ¡Oh, Dios mío! ¿Qué me estaba pasando? Mi cuerpo tembló y aun así no percibía actividad alguna. Esto se encontraba en mi imaginación. Mi imaginación, eso debía ser. Estaba soñando. Seguramente era un sueño muy vívido. Al despertar, todo estaría bien. Tendría que recordar lo último que hiciera antes de caer dormida… Brett se había convertido en un gran amigo y nos había invitado a su casa (a Catalina, Ethan y a mí) para cenar, exactamente un día después del partido de los Saints de Nueva Orleáns. ¿Fui a esa cena? ¿Cómo regresé a casa? La memoria se me nublaba con cada pregunta formulada. ¿Dónde estaban Ethan y Cat? ¿A qué hora despertaría?
Ya está bien de tretas reclamé al Poder Divino. Entiendo el punto. Lo que sea que quieras enseñarme ahora, por favor, muéstramelo para comprenderlo y déjame abrir los ojos.
Ninguna respuesta. Silencio absoluto de su parte. De pronto, el sonido de algo cayendo de mi supuesto tocador me sobresaltó. Miré hacia un lado, luego al otro. ¿Cómo actúas cuando sabes que estás sumergido en quimeras extrañas y espeluznantes? No podía perder la calma.
Justo mientras pensaba esto, Luciana apareció a mi costado derecho. Me sobresalté tremendamente. No debía presentarse de nuevo ante mí. Se suponía que nunca más podría verla, que jamás cruzaría otra vez la línea entre la vida y la muerte. Pero nada de esto debería estar ocurriendo. Nada. Mi antigua mejor “enemiga” parecía incluso más, ¿cómo decirlo delicadamente? No había manera. Parecía más muerta que la última ocasión en que la contemplé. A través de su piel grisácea, resaltaban las venas verdosas repletas de sangre podrida. Emanaba un aroma sumamente desagradable, como comida descompuesta. Llevaba puestas unas ropas negras que resaltaban sus pómulos cadavéricos y sus ojeras en extremo grises. Su boca esbozó una sonrisa altiva y socarrona. Al abrir la boca, cientos de gusanos salieron de ella, cayendo sobre mi cuerpo. Me provocó arcadas e intenté llevarme la mano a los labios sin conseguirlo. ¿Era algún hechizo que estaba conjurando desde el más allá? Imposible. Ningún brujo tenía fuerza fuera de su plano y Luciana había muerto hacía bastante tiempo. Nada de lo que hiciera podría dañarme en serio. No de nuevo.
Sáquenme de aquí pedí rigurosamente. Sea quien sea, despiértenme, por favor.
Solamente unos cuantos han despertado de la muerte y tú no estarás entre ellos rió roncamente. ¿A qué se refería? Yo estaba viva.
¡Despiértenme ya! Exclamé con más furor.
—Puedes hablar, idiota desdeñó. Su tono de voz me sonaba al siseo de una serpiente. Detrás de ella, comenzaron a elevarse alaridos huecos de almas vacías. Gritos que se hacían más y más audibles, llenando mis tímpanos.
¡Madison!
¡Madison! Es ella…
La bruja, ¡es ella!
Maaadison…
Comencé a hiperventilar y cerré los ojos de nuevo, con la esperanza de que al abrirlos, ya estuviera despierta. Pero en vez de eso, algo más terrible sucedió. El peso de un cuerpo, junto con su escabrosa y desoladora heladez, se dejó sentir subiendo encima de mí. No le veía, pero vaya que le percibía moviéndose sigilosamente entre mis piernas. Me aplastaba por completo.
No, por favor rogué. Luciana había tenido razón, podía hablar. Esto es un sueño. Debo salir de aquí.
Logré sentarme en el lecho y varias manos me sujetaron, volviéndome a acostar, sosteniéndome el cráneo, los brazos, las piernas. Eran palmas invisibles, pero poderosas.
¿Qué se siente estar tan tiesa como nosotros, mi querida Maddie? Susurró la voz de quien se cernía sobre mí. La reconocía. ¡Por todos los infiernos! Reconocía esa voz varonil y estridente.
William Mircoff murmuré entre dientes, abriendo los ojos.
El mismo que viste y calza. O vestía y calzaba carcajeó dejándose ver, apareciendo de la nada con el rostro muy pegado al mío. Podía absorber su pútrido aliento. Y no te olvides de mi amigo Clarence.
William estaba sentado a horcajadas sobre mí y Clarence, completamente desfigurado como cuando pereció, estaba acostado a mi lado. Las cuencas vacías de sus ojos me paralizaron más que el peso de William.
No, no, no. Esto no está pasando tragué saliva. No.
Esto, preciosa, es tu infierno personal sonrió William, acercando la mano para tocarme la frente con su punzante dedo índice. ¿Sientes esto, verdad? Lamento ser yo quien te traiga la verdad, como siempre. Creí que habías aprendido algo sobre tu queridísimo esposo desde que te dije que mató a tu padre. La realidad es que te encuentras entre nosotros las voces carcajearon enérgicamente. En el fondo de mi cuarto, varias centenas de luces rojas se encendieron. Auras malignas que querían llevarme consigo. De haber estado dormida, ya me hubiese despertado para este instante. El terror me invadió completamente. Nunca me había pasado algo como esto. Tenía pesadillas, cientos de ellas, pero la mayoría tenían que ver con mi gente padeciendo. Nunca con estos monstruos. Luciana se sentó del otro lado de la cama y me lanzó una sonora bofetada.
Esto es por haberme mandado a la nada siseó. Ahora que estás aquí, ya nunca te dejaremos salir. Mereces un destino peor el de cualquiera de nosotros, asesina, maldita.
Las luces rojas se iban tornando cegadoras. William se acercó para besarme y le pude sentir claramente en mis labios, entremetiendo su puntiaguda lengua hasta mi garganta. Me ahogaba y sabía a veneno puro. Quemaba. No pude evitar jadear. En cuanto pude zafarme, grité. Grité y grité, pero Clarence levantó mis manos por sobre la cabeza y me mordió la muñeca.
¡Déjenme! ¡Dios! ¡Ethan, Catalina, Issy! Aullé. ¡Alguien, ayúdeme!
Las heridas que dejaron los colmillos de Clarence manaban sangre a litros. Los murmullos y carcajadas se hacían más sonoros. Todas las víctimas que habían perecido a causa de los brujos, absolutamente todas, llenaron el cuarto hasta sofocarme. La peste era terrible.
¡No! ¡No! Grité hasta que no pude escucharme más.
Eres nuestra William mostró sus colmillos con ira y fiereza. Luciana me miró con desprecio y sus pupilas se tornaron rojas, igual a la vez anterior. Hora de descubrir qué te ocurrió, preciosa William levantó una palma delante de él y la introdujo en la parte del estómago que me escocía. Cuando miré lo que hacía, me percaté de la existencia de un gran hueco ensangrentado que se abría en mí. Mis órganos y entrañas estaban hechos añicos. Quise maldecir, retorcerme, hacer algo, pero el dolor era tremendo y me lo impedía, y entonces, unos diminutos hoyuelos comenzaron a arder en mi cuello. Los toqué para estudiarles a toda prisa. Alguien había bebido de mí.
Luciana se acercó a mi oído y susurró:
He aquí la realidad, amiga mía. Estás muerta… tan muerta como todos nosotros. Pasarás la eternidad siendo carcomida por nuestro odio.
Los ojos se me desbordaron en lágrimas y quedé inmóvil de nuevo.
Pero eso no es todo sonrió William. Lo mejor es quién causó tu calvario. Quién te asesinó.
Todos los que me miraban, clavando mil cuchillos de ira en mi rostro. Rieron, sacando los incisivos, listos para atacarme.
¿Qu…? ¿Quién? Cuestioné con un hilo de voz.
Fue tu amado vampiro, Antoine susurró Luciana. En un coro diabólico, todos estallaron en gritos y alaridos estremecedores. William apretó mi cráneo contra sus palmas y me hizo ver la escena. No podía ser posible. Observé en silencio y recordé absolutamente todo, como una ola de mar que pega fuertemente contra las rocas, desbaratándolas a su paso. Antoine quería atacar a Brett y yo me metí entre ellos. Su brazo se incrustó en mi cuerpo… me atravesó por completo hasta botar al chico detrás de mí, clavando sus incisivos en mi cuello. Le miré por última vez y perdí el conocimiento. Era cierto. Había muerto.
¡Madison! ¡Maddie! Clamó una voz a lo lejos. Cuando destapé las pupilas, todos se habían ido excepto Luciana, William y Clarence. Se encontraban parados a la orilla de mi cama. Al mismo tiempo, me tomaron de las piernas, los brazos y las caderas.
¡Nadie te llevará! ¡Mereces estar aquí! Aulló Luciana, enfurecida.
¡Madison, regresa! Las voces que pedían mi retorno, eran reconfortantes. Catalina, Ethan, Marie, Isaely… todos estaban pidiendo por mí.
¡Tendrán que pasar sobre nuestros cadáveres! Exclamó William clavándome las garras en las piernas. El dolor se intensificó.
¡Aquí estoy! Chillé con lo último que me quedaba de fortaleza. ¡Ayúdenme!
La escucho dijo la voz de Catalina. Madison, aférrate a la luz. No permitas que su penumbra te aleje.
“Rentre a la vie, a la vitae”. “Rentre a la vie, a la vitae”. “Rentre, rentre, rentre, rentre…”
Repetían los ecos que subían poco a poco de volumen.
En un santiamén, Ethan apareció parado frente a la puerta del cuarto, pero no podía hacer nada contra quienes me sostenían. Yo estaba en el más allá, donde nadie más que yo tenía el poder. Y al parecer, por algún motivo, no podía utilizarlo ahora. En cuanto Luciana vio a Ethan, dio un respingo. Titubeó, aunque Clarence le gritó que no me soltara.
Lucy susurró la figura de Ethan que parecía estar rodeada de una luz borrosa. Lucy, preciosa. Debes soltarla los ojos de mi amigo suplicaban que me dejara ir. Yo sabía que en realidad la detestaba, que estaba fingiendo.
Si te separas de ella, la perderemos. ¡No seas estúpida! El alarido de William sacudió hasta los cimientos de la aparente casa, porque en realidad era una versión de mi infierno, como había dicho William.
Ethan sollozó Luciana. Siempre te amé. Siempre. No puedo dejarla partir, se merece este castigo la bruja ladeó la cabeza. Su vestido negro y holgado de abajo, se movió como si hubiese un viento apabullante pasando debajo de él, pero ningún tipo de aire soplaba aquí.
Lucy, por favor. No depende de ti juzgarlo la luz de Eth la envolvió con su calidez. No era ningún tipo de fuerza sobrenatural, era solamente el recuerdo que alguna vez tuvo de ella. Luciana respiró su aura y sin poder evitarlo, me soltó.
¡No! Gritó William halándome hacia él, pero Ethan me tomó de la mano y exigió que usara toda la fuerza que me quedara para salir de la muerte.
¡Sólo tú puedes conseguirlo, Madison! ¡Vamos! ¡Hazlo! ¡Ven conmigo! Supe por su desesperación que si no lo lograba, él se quedaría irremediablemente conmigo. Tal vez no su cuerpo, pero sí su mente. Catalina me suplicó que hiciera lo que fuera con tal de llevarle de vuelta a Eth. Luciana escuchó esto e intentó colgarse del cuerpo de mi amigo, pero no bastó para que me moviera completamente. Arranqué las garras de William de mis piernas, lanzándole al aire, e incrusté ambos dedos en las cuencas vacías de Clarence. Él aulló y me vi libertada.
¡Maldita seas, Madison Alexander! Exclamó William aproximándose de nuevo.
¡Cállate y púdrete en el averno, bastardo! Le pateé la cara con todas mis fuerzas hasta hacerle desaparecer entre un humo negro. Ethan me jaló y pude ver claramente cómo traspasábamos la barrera hacia el universo vivo. Fue como pasar por un tubo lleno de un mar de olores, sonidos y sabores absolutamente distintos a los que experimenté minutos antes. Mis sentidos se prendieron en llamas. El hoyo encendido en tonalidades púrpuras, azules y plateadas, por el que atravesábamos, estaba rodeado de rayos y centelleos. La fuerza extrema de mi poder nos dirigió hacia la luz del final. Ethan, quien pegó un sonoro alarido.
“Has pagado tu precio, Ethan Metcalfe” tronó una voz. El Poder Divino le había perdonado su complicidad con Antoine en la muerte de la chica por su valía.
Un viento huracanado nos dio varias vueltas, perdiéndonos uno en el otro. Ethan tuvo el coraje suficiente para enfrentarse a lo desconocido y poder salvarme. Ahora yo precisaba rescatarle a él.
“No estabas destinada a morir todavía. Debías creerlo para salir” el retumbar de la voz del Poder Divino, me ensordeció.
Nos estrellamos contra una barrera de energía invisible que me obligó a soltar a Ethan. La calma me invadió. No era una calma tétrica como la anterior, esta era una verdadera paz. Abrí los ojos de golpe y tomé un profundo respiro. El tórax se me abrió instintivamente para dejar pasar el aire y solté un grito de dolor.
Bienvenida… al mundo de… los vivos susurró Ethan que yacía a mi costado, tomándome de la mano. Enfoqué la mirada y me percaté de que estábamos en la estancia de casa de Brett. Me explicaron que era preciso canalizar la energía del lugar donde perdí la vida para ayudarme a regresar, por esa razón no nos habíamos ido. Brett no me quitaba la mirada de encima. Se notaba sumamente alegre, lleno de regocijo. Aparentemente estaba bien, sano, aunque no quería ver lo que había debajo de la camisa un tanto rota que vestía (probablemente el golpe que me atravesó le había tocado fuertemente). Había otra persona en el sitio, alguien a quien desconocía. Una mujer afroamericana a la que Justine se dirigió para agradecerle después de mi recuperación. Me echó un vistazo, sonrió y dijo—:
—Un placer, Madison Alexander…
Nos dejó. Parecía otra bruja, pero no de L’essence. Luego me tendrían que explicar su presencia en el sitio. Catalina, Isaely, Marie, Justine y Patrick, se unieron al abrazo de Ethan y mío, aunque me estaban lastimando muchísimo.
Lo siento los coros de voces que habían estado llorando mi muerte, se escucharon repletos de entusiasmo.
Debemos ir a la guarida de inmediato ordenó Patrick. Muchas gracias por todo, Brett le extendió la mano pero el humano no la tomó.
Iré con ustedes resolvió.
No… no seas tonto susurré sin fuerza. Andar con brujos no te trae… traerá nada bueno.
No me importa. Iré. Puedo ser más necio de lo que te imaginas. Y dudo mucho que puedas tener opinión al respecto dado que me mentiste sobre tu naturaleza, así que voy y punto irguió la cabeza y noté que nadie le convencería de lo contrario. Conocía a los de su tipo…
¿Sabes que podríamos hacerte olvidar todo, chico? Inquirió Patrick.
Nadie me hará olvidar los destrozos de mi casa bufó.
Lo lamentamos muchísimo dijo Catalina.
—No te preocupes. Siempre deseé un hoyo del tamaño de cuatro personas en medio de mi sala. Facilitará la entrada de aire…
 Cat sonrió y con un movimiento de sus manos arregló en silencio todo lo que había sido roto. Las escalinatas del pórtico se reconstruyeron junto con las partes del camino de concreto que daba a la puerta en el patio delantero, donde Ethan y el vampiro habían peleado.
¡Guau! Exclamó Brett genuinamente azorado. Cat, creo que iré a buscarte cuando necesite arreglar mi habitación rió. Hablo en serio. No es algún tipo de amenaza humana sin sentido.
—Por ti haríamos lo que fuera —asintió Ethan, dándole la mano, sumamente agradecido.
—Y pensar que creía que eras un tipo de actor de cine frustrado que vagaba por los pasillos de Pontchartrain luciendo “cool” solamente para joder a los simples mortales…
—Brett, eso suena en extremo homosexual. No es que no esté acostumbrado a ese tipo de halagos, pero es raro que venga del jugador más valioso de la Liga juvenil de Luisiana.
—¿Eso es lo raro? —Preguntó Patrick en son de broma.
—Deberías estar “orgullosa” —mofé casi sin aliento—. “Novia del quarterback de la escuela…” Podría… podríamos llamarte Ethina…
Me sentía increíblemente agotada, no sólo físicamente, sino mentalmente. Todo me escocía. Varios huesos de mi cuerpo continuaban rotos. Me preocupaba en demasía que no tenía los días que requería para recuperarme totalmente. Debía estar al pie del cañón, siendo el cañonero del hombre al que amaba, porque todavía le amaba. Estúpido como sonara, le adoraba. ¿Podrías caer más bajo, Maddie? ¿Seguir apegada a quien te asesinó? ¿En serio?
—Sí —me respondí sin duda alguna. Una angustia inevitable se apoderó de mi alma. Entré en pánico. Me llenaba un vacío interminable (por contradictorio que esto sonara), una penumbra eterna. La sensación de caer y caer sin encontrar salvación. Vivía, pero ¿a qué costo? Ahora sabía exactamente lo que había ocurrido y nada era más doloroso que eso. Antoine no actuó para liquidarme, aunque tampoco se detuvo, lo que significaba una sola cosa: ya estaba perdido. Le había perdido completamente. Debía haber estado preparada para este momento, aunque no lo estaba. Como colegiala desengañada, comencé a llorar sin parar. No importaba que mis gemidos me hirieran todavía más. Los huesos de mis costillas a duras penas se regeneraban, al igual que mis tejidos. No obstante, estaba viva. Mi estómago era un nudo completamente retorcido. Cada que me movía, el dolor me atenazaba. Dios, por Dios. Pesar tan grande como este, era inhumano. Y de nuevo, me sentía agradecida por estar relativamente a salvo. Agradecía que Ethan hubiese arriesgado la vida para rescatarme de las tinieblas y que su fortaleza de espíritu fortaleciera la mía. Pero nada, absolutamente nada de eso, se llevaba el tremendo martirio de haber perdido para siempre a mi inmortal. Ya no había algo qué hacer por él, lo sabía. Visiones de Antoine abrazando y besando a Devorah, me destrozaban el corazón, y mis lágrimas se convirtieron en completo desconsuelo. No bastó su engaño, no bastaron sus matanzas, también tenía que atacarme para completar su maldición, y lo hizo exitosamente. Ella lo había conseguido y eso era lo que más detestaba, saber a Devorah victoriosa sobre mí. Al ver que no paraba de llorar y que me hacía daño, tía Isaely me tomó en sus brazos y me acarició el cabello.
No importa que ocurra de ahora en adelante. Todo estará bien.
Fue lo último que escuché antes de que me obligara con un conjuro a cerrar los ojos y acallar la mente.
Maddie… el murmullo de mi padre me llamó. Me vi a mí misma cuando tenía unos cuatro años, jugando en la nieve. Papá se escondía detrás de los árboles y solamente asomaba la cabeza de vez en cuando. Una vez que le divisaba, corría tras él y salía para tomarme en sus brazos y darme vueltas. Los copos rozaban mi rostro blanco y se derretían en mi calidez. Te amo, mi niña. Permanece valiente… ya nada puede herirte.
En cuanto me volvía a ver, ya era la Madison de dieciocho años una vez más. Mi madre, Angelique, se unía a mi padre y me besaba la frente.
Tiempo de despertar, mi adorada pequeña comandó. 
Descubrí las pupilas poco a poco. Estaba en mi habitación. La sensación de temor me cubrió y me levanté de la cama céleremente, pero Isaely me tomó de la mano.
Estás bien, Maddie. Estás a salvo tragué saliva y vi que ya había pasado todo. Mi instinto hizo que me colgara del cuello de mi tía y sollozara.
Gracias por rescatarme, Issy. Gracias a todos, en especial a mi Ethan murmuré.
Hubieras hecho lo mismo por nosotros, princesa me separó de ella suavemente y miró mi estómago. Te has regenerado totalmente, aunque sigues débil. Patrick dice que tu aura se ha tornado muy borrosa.
Sí, puedo sentirlo. Supongo que consiguió lo que quería, ¿no?
Isaely me miró tristemente.
¿Te refieres a… al vampiro? Ya no quería mencionar su nombre.
Devorah respiré percatándome de que ya no dolía tanto. ¿Cómo hicieron para salvar mi cuerpo? Estaba demasiado malherida.
Alguna vez te dije que, cuando de ti se trataba, todos los brujos se unirían, y así fue exactamente. Cada clan en el mundo conjuró al Poder Divino para curarte. No fue nada sencillo porque tú debías actuar desde el más allá y sabíamos que habían fuerzas malignas atrapándote. Debimos recurrir a otros poderes también. Catalina y Justine utilizaron toda su sabiduría para reconstruir las partes desmembradas, con la ayuda de las brujas del vudú.
Di un respingo. Todavía me costaba asumir lo sucedido. No me percaté completamente de lo que había dicho. Sólo pensaba en Antoine.
Creo que esta vez sí le he perdido esbocé un conato de sonrisa que no podía explicar. Tal vez reía porque estaba cansada de tanto lamento… o tal vez me había vuelto loca.
Mi tía hizo que me recostara en su regazo y me acarició los brazos y el cabello, regalándome un beso en la frente.
Creo que sí era imposible que Isaely pudiera ocultarme algo totalmente. El que me hubiese lastimado no era todo lo que Antoine había hecho en los últimos días. Lo leía en sus gestos sumamente entristecidos. Debía saberlo. Era preciso aguantar otro golpe más de los muchos que le sucederían.
¿Qué ha hecho? Dímelo exigí.
No vale la pena hablar de eso. No ahora, Maddie  respondió intentando hacer que me volviera a recostar.
No me senté por completo en la cama. ¿Qué ha hecho? Tarde o temprano lo sabré. Es mejor que tú seas quien me lo diga.
Issy respiró profundamente y titubeó. Tenía marcas de insomnio grises debajo de los ojos, como si el sueño se hubiese escapado de ella desde la última vez que la tuve ante mí. Vaya que le costaba demasiado hablar de ello. ¿Tan malo era? Después de haberme matado, lo demás sería cosa de nada.
Él se ha entregado a la inmortalidad por completo. Ya no es quien conocimos.
De eso me pude percatar dije llevando la mano al centro de mi estómago.
Es peor que eso, Maddie Issy contuvo el sollozo, deseando no tener que hablar. Pero la forcé.
Dime ya. Es lo más justo para mí.
Respiró profundamente y asintió.
Antoine está ahora con Devorah. Es parte del aquelarre Vilerious contuvo las pupilas debajo de sus párpados por unos instantes para descubrirlas de nuevo un rato después. Había estado llorando—. Mad, lo lamento. No hubo nada que pudiéramos hacer para salvarles.
Abrí los ojos como platos.
¿A quiénes? Inquirí.
¡Dios! Se cubrió la boca. La tomé de los hombros y la obligué a mirarme.
¿A quiénes, Isaely? Mis dedos pulgares presionaron sus cienes. De no decirme, lo sabría adentrándome a su mente.
Ma… Marie y Justine. Ellas… ellas son parte del círculo eterno, así como todo el clan Graciano. Han destruido todos los libros de la historia de los brujos.
—¿Qué? —Pregunté sin comprender todavía.
Marie, Justine y Patrick salieron a patrullar en lo que estuviste inconsciente Isaely lloraba, inconsolable. Buscaban una solución permanente a la maldición de Antoine. Devorah les encontró en la calle Bourbon cuando contactaban a Yadirka, una de las hechiceras de vudú, la mujer a la que viste junto con nosotros cuando reviviste.
Fue ahí cuando caí en la cuenta de lo que mencionó minutos antes… vudú, magia clandestina y censurada.
¡Pensé que ellas no podían tener contacto con nosotros! ¡Está prohibido! ¡Sus poderes no son naturales! Exclamé histérica.
Es cierto, pero tratándose de ti, debíamos intentarlo todo. ¡Creímos que te habíamos perdido, Maddie! Toda la magia era requerida para rescatarte de la obscuridad, incluyendo la suya. Ellas toman sus poderes de un sitio arraigado en la mente humana al que no cualquiera tiene acceso y gracias a eso Ethan pudo transportar su mente al más allá, además de ser auxiliado por un “mediante”, un ser de tierra y agua que pudiese mantener su cuerpo aquí. Los  conjuros de Yadirka, junto con los de L’essence, te salvaguardaron.
¡No! ¡No! ¡No debemos acercarnos a los mortales con esos propósitos, mucho menos a las hechiceras de vudú! ¡¿Por qué fueron?! ¡¿Por qué?! Grité. Vendrá con un precio.
Isaely llevó ambas palmas a mis hombros e hizo que la mirara fijamente.
—El precio, desde el inicio, fue tu vida. Ya ha sido pagado. El Poder Divino lo ordenó. La hora había llegado de reunir la magia mortal con la misma esencia. Para esto, se debía canalizar la fuerza de un mortal que te quisiera, el “mediante”, y eso solamente una hechicera vudú lo lograría.
¿Quién fue? ¿Qué humano?
Brett, mi niña. No se ha separado de ti ni un sólo instante. Ha estado aquí día y noche desde el incidente.
Se lo agradecí sin mencionar algo al respecto…
¿Cuántos días he estado inconsciente? Cuestioné atormentada.
Dos semanas… has estado fuera de todo por dos semanas. Es el primer día del mes de julio, mes del amor entre los brujos de L’essence, y es precisamente ese amor el que te ha sacado de la penumbra. El amor de Ethan, de los nuevos Killian, de todos los clanes en el mundo. Los Aragón, los Yet-se, los Krammer, los Ramstorm, entre muchísimos otros. Además del trabajo incansable de las brujas de vudú. Yadirka ha venido a curarte y a cuidarte, aunque no deseaba verte al despertar por temor a que reaccionaras exactamente como lo estás haciendo. No importa, en realidad. Los hechiceros, al saberte perdida, se han unido con inefable potencia y ahora pelean mimetizados. Aunque tu figura, aquello que representas, va más ahí de la hechicería. Ha reunido a la mortalidad, la inmortalidad y a la misma magia. Hemos perdido, pero también hemos ganado mucho, Maddie.
¡Justine y Marie murieron por mi culpa! Exclamé cuando sus voces suspiraron oraciones en mi mente. Eran seres ancestrales ya… parte del círculo eterno como Issy había dicho. ¿Cómo voy a darle la cara a Ethan y a Catalina? ¡¿Cómo?! Me cubrí el rostro, absolutamente contrariada. Marie también era una madre para mí.
Lo sé, mi niña. Lo sé. Incluso Ethan lo sabe. Antes de salir, Justine nos advirtió. Todo esto fue revelado y hubo tiempo para despedirse.
¿Y aun así se atrevieron a dejar la guarida? ¿Por qué? ¡¿Es que todos han perdido el raciocinio?! Me levanté de la cama y tambaleé casi hasta caerme. Llevaba una bata. Mi cara se topó con el espejo y mi reflejo no fue nada compasivo conmigo. Estaba horrible. Demacrada, pálida, demasiado delgada. No quise ver más y me quité la bata para ponerme unos jeans y una blusa negra, pero en cuanto solté la bata, mis ojos no pudieron evitar volar a la tremenda cicatriz que tenía justo entre las costillas. Era una masa de piel rosácea constreñida en una línea. Mis dedos se acercaron al espejo para tocar la parte que mis ojos veían, sin desear en absoluto pasarlos por ella vívidamente. Apreté los labios y una cuestión macabra pasó por mi mente. 
¿Antoine asesinó a Justine y a Marie? Inquirí, pero mi alma se negaba a oír la respuesta.
No Isaely negó con la cabeza. Me sentí estúpidamente aliviada y acongojada al mismo tiempo. La lideresa del aquelarre Drammeh mató a Marie y la misma Devorah aniquiló a Justine. Antoine solamente miró sin mirar, como quien observa a un escarabajo ser aplastado. Sin mover un dedo, sin emitir un sonido. Sin respingos ni guiños. Se ha ido por completo. Devorah le debe estar guardando para ti nada más. Sabrá que no te dejaríamos morir así de fácil. Patrick intentó intervenir junto con Ethan y Catalina, aunque nada pudo contra el decreto. Ellas iban con Yadirka para agradecerle lo hecho y desligarla de toda responsabilidad, ocultar su intervención con un conjuro. No lo consiguieron porque ella no lo quiso, se veía en la necesidad de seguir interviniendo. Los Vilerious les siguieron hasta ahí y…
Isaely se cubrió la boca para no desequilibrarse.
Tengo que verles. Debo ver a Cat y a Ethan. Tengo que hacerles saber que yo… que yo… solté la blusa que iba a ponerme y me doblé, estrellando los puños contra el tocador. ¿Qué haría para cambiar las cosas? ¿Cómo podía modificar lo impuesto por el poder que movía todo? Si me dejaba consumir por la ira, por la agonía, todos pereceríamos. Alguna fortaleza en mí debía salir al quite. No, esta vez no caería. No importaba si mis poderes estaban debilitados. Iba a enfrentarme a quien tuviera qué hacerlo, incluyendo al mismo Antoine. Le amaba, pero era un amor que reservaba hacia alguien que ya no existía, y precisaba aceptarlo a como diera lugar. Si ya se había ido con ella, ¿cómo podría convencerle de que regresara? Le dejaría ir como tantas veces lo había hecho, dejándolo las cosas en manos de la fuerza suprema. Era más difícil de lo que imaginaba. Ceder el falso control que tenía sobre esta situación, callar y esperar un milagro. Madison no podía permitirse ser una cobarde cuando todos, absolutamente todos, habían confiado en ella y dado su vida por una causa.
Ethan entró al cuarto junto con Catalina. Ambos vestían de negro de pies a cabeza. Mi amigo se me acercó al verme encorvada y me levantó. No importó que no llevara blusa. Me cubrió con una toalla, diciendo:
¿Sabes cuáles fueron las últimas palabras de mi madre? Sus pupilas se tornaron rojas.
No dije nada, esperé a que él lo revelara.
Dijo: Madison es la salvación, nunca la derrota. Me reuniré con tu padre y jamás había sido tan feliz. Mi hora llegó, hijo mío. Es momento de seguir con quienes se quedan. No llores por los que se han ido. Haz que tu luz brille con la vitalidad que te ha sido concedida. Siempre te cuidaré y, aunque no me mirarás, me sentirás en el alma, justo como has sentido a tu padre por tantos años.
Mi boca no pudo abrirse. Catalina parecía bastante calmada, a pesar del calvario que opacaba sus pupilas.
Maddie —siguió—, nuestras madres murieron en paz. Tuvimos tiempo suficiente para decir adiós una solitaria lágrima se derramó por su mejilla. Justine me confesó que su propósito en la vida se había cumplido, y ése era que yo tomara su lugar en el mundo espiritual. Dijo que estaba completamente preparada para todo lo que venía, al igual que tú. Por alguna razón que desconozco, aseguró que tus poderes no serían los mismos después del ataque de Antoine y su traición, aunque también dijo que este era el principio del final. Todo está listo para que los brujos seamos uno y nunca más tengamos que huir. Tú eres la fuerza que nos une y que da vida a la vida, por eso lucharon. Simplemente no podías irte. Lo demás es lo de menos. Están ahora en el círculo eterno… y ya no es necesario guardar luto. Con tu muerte, has cambiado las reglas. No sé de qué forma, no por completo. Eso solamente tú lo podrás decirlo a su debido tiempo.
No comprendo. No comprendo repetí.
Lo harás. Miles de brujos han perecido, también miles de mortales, y eso no es culpa de nadie, menos tuya. Teníamos un propósito mucho más grande que solamente rescatarte o mantenerte viva. Eres el símbolo de la esencia misma. Quienes fallecen lo hacen por mandato divino. Nada de lo que quisieras hacer lo cambiaría. Debes ser fuerte, muy fuerte completó Catalina. El balance universal tiene que permanecer a toda costa… Madison Alexander es ese balance. Así que deja de torturarte y lucha por quienes estamos en tus manos. Los que han partido, descansan en paz.
Me incorporé y erguí por completo. Con el puño, sequé el resto de lágrimas que me quedaban y asentí.
Nunca más me verán caída. Lo juro. Por las vidas que se han perdido, juro que seré quien deba ser para todos ustedes.
Ethan y Catalina me abrazaron. Patrick entró junto con Dominic, Felinnah, Bruno, Renatta y Brett. Notaba que el aura de Bruno había cambiado, ya era un brujo de L’essence. Había sido ascendido.
Bienvenido a la familia dije intentando sonreír. En realidad me daba gusto que le ascendieran.
No fue gracias a ti rió Felinnah, aunque claramente estaba bromeando. En realidad me da gusto que estés bien. Es cierto se acercó y extendió la palma para que la tomara. No dudé en hacerlo. Era la primera vez que la sentía parte de nosotros, a todos ellos en realidad, incluyendo a Brett, a quien conocía hacía tan poco tiempo. Él estuvo ahí durante todo el ritual y sabía ahora formaría parte del clan. Prometió no decirle a nadie de nuestra existencia y confiamos plenamente en él, porque los ancestros dictaban que sería una parte importante en nuestra lucha sin tener que ser inmortal o brujo. Él representaba a la parte humana del universo y le cuidaríamos como oro en polvo. La verdadera batalla entre razas estaba por comenzar. La lideraríamos Felinnah y yo, con todo el amor en nuestros flancos. Los enemigos tendrían su merecido. Así como muchos habían sacrificado una parte de sí para tenerme de regreso, yo sacrificaría lo que más adoraba para que vivieran y fueran felices… a Antoine, mi vampiro. El clan de los Bardos sería uno y uno solo, con todos sus nuevos integrantes.
 
 
Capítulo 2: “Uniendo fuerzas”
(Narrado por Felinnah)
Dominic, Bruno, Renatta y yo, nos vimos forzados a dejar la casa que tanto adorábamos a las afueras de Nueva Orleáns para estar junto a los miembros del clan de los Bardos en la guarida. No era momento de hacer lo que quisiéramos, era momento de hacer lo debido, y lo debido era apoyarles. Acompañamos a Madison a las tumbas de Adrianne, Richard, Marie y Justine, en el cementerio La Fayette. Todo era silencio. Ni un sólo sollozo salía de su boca y su rostro se notaba inescrutable, perdido el otro mundo que no era el nuestro. Estaba cansada, agobiada y turbada, pero su temple parecía inamovible, lo que me hizo respetarla más que nunca. Solamente había tenido que pasar por la muerte a manos de quien amaba para comprender quién era ironicé.  La realidad de nosotros, los Lestrath, era un tanto distinta a la de ellos, los Bardos. Nosotros fuimos quienes contemplamos al único inmortal de alma noble tornarse en un monstruo maldito. Un ser demoníaco sin escrúpulos que ahora vivía bajo el techo de nuestro peor enemigo. De hecho, Dominic y yo tuvimos mucho que ver en esa transformación radical y sinuosa. Y sin embargo, nadie aquí nos lo reprochaba. Se nos daba la bienvenida como a hijos. Isaely dijo una frase que se me quedó grabada en el alma:
“Todos somos parte del universo. Estamos entretejidos en sus hilos multicolores. Cuando uno de esos hilos se rompe, debe ser reemplazado por otro para que la estructura permanezca. Ustedes son los hilos nuevos en nuestra estructura y les amaremos como parte de nuestra piel”.
Nadie, ni siquiera Ethan, nos menospreciaban. Renatta se sentía como en casa. Debía ser sumamente reconfortante para ella estar con los de su clase. Se había convertido en la pupila de Catalina, en su mano derecha. Ahora que ella había tomado el lugar de su madre dentro de la espiritualidad de L’essence, me parecía más que apropiado que mi amiga le ayudara y acompañara. En cuanto a Madison, cada día que transcurría iba comprendiéndola más. Llámenme loca, pero le comenzaba a tomar cierto afecto. No cariño… afecto. Una noche, después de la cena obviamente de ellos, porque nuestros platillos favoritos distaban mucho de ser los que ellos describirían como delicias al paladar, me quedé a solas con ella para platicar. Debía admitir que fue muy incómodo al principio, puesto que sabía que no le caía bien, y ella a mí, menos. No obstante, nos echamos en la alfombra que estaba junto a la chimenea y decidimos charlar, intentando crear un motivo razonable para ello.
Debo saber, Felinnah dijo con voz firme, pero suave. ¿Qué fue lo que viste en Antoine antes que se fuera?
Tardé un poco en responder porque no deseaba herirla. No ahora que estaba tan vulnerable, aunque no quisiera parecerlo. Me tragué mi orgullo y todos los sentimientos que guardaba en su contra y simplemente respondí:
Te amaba, no me cabe duda.
Madison me miró con esos ojos azules profundos y penetrantes. No eran como los de un vampiro, líquidos y brillantes como esquirlas de diamante. Los de ella eran puramente azules, llenos de vitalidad y fuerza intrínseca. No me provocaban atacarla porque mis urgencias de sed habían disminuido desde que comenzamos a vivir con ellos en la guarida. Incluso Dominic aceptó que los poderes de los brujos eran sumamente potentes cuando estaban unidos. Lo que no le había ayudado a Antoine, era que para ese entonces, ya todo marchaba hacia su propio destino, el que estaba trazado por el Poder Divino, y a eso debíamos añadirle que él había sido el instrumento utilizado para terminar de enlazar los eslabones que se encontraban débiles y debilitar los que se encontraban más fuertes estaba tan segura de ello como de que no necesitaba el oxígeno en mis pulmones para sobrevivir. Con esto me refería a que su “error” no había sido producto de la casualidad. Todo era encausado hacia la salvación de nuestras almas y de las almas humanas. No le quitaba responsabilidad, eso nunca, pero tampoco podía culparle por cosas que no le pertenecían. Ahora vivía libre y sin recuerdos… Solamente me preguntaba, ¿por cuánto tiempo podría Devorah esconder el tremendo amor que el vampiro sentía por la bruja? ¿Por cuánto tiempo los hilos permanecerían separados? ¿Qué haría cuando llegara el momento de que él supiera quién fue y lo que le movía en esta tierra? Esto no se había terminado. Era imposible. Me quedaba claro que todavía había una resolución a tomar por parte del inmortal.
¿Alguna vez te lo dijo? Cuestionó Madison tranquila. Comprendía el porqué de sus preguntas. Hubiese deseado que alguien pudiera responder a las mías mientras me encontraba encerrada en la casa de Damien bajo su pésima influencia. Por tanto, no le negaría las respuestas.
Nunca lo admitiría, al menos no delate de mí. No era su persona favorita en el mundo. Nos veía como una contestación a sus plegarías. Una herramienta para aprender sobre sí mismo, si así lo prefieres levanté los hombros tratando de restarle importancia a todo aquello. Nunca hubo una amistad sincera de su parte hacia mí, aunque no puedo decir que sucedió lo mismo con Dom y Bruno. Dominic fue su tabla de salvación. Le enseñó lo que era ser un vampiro real. Lamento que haya sido para perjudicarte. O debería decir, lamento que haya sido para asesinarte sonreí socarronamente.
No lo lamentas Mad negó con la cabeza y esbozó una media sonrisa.
Odio admitirlo volteé los ojos, pero sí lo lamento. Nunca les he deseado mal. La razón por la que estamos aquí y no en Miami, además de porque nos matarían en un santiamén allá, es porque nos ayudaste. Dominic siempre lo decía. Siempre afirmó que la lealtad se paga con lealtad. Detesto la idea de que hubiese aprendido todo eso después de haberme traicionado reí. Madison rió junto conmigo. Sí, yo también sabía lo que era perder a quien se amaba. La única diferencia era que, en mi caso, la que había causado las cicatrices en el cuerpo y mente de mi amado, había sido yo. Quien se perdió en la obscuridad de su malicia, fui yo. A quien tuvieron que rescatar, fue a mí. Lo más sorprendente de todo era que Dominic nunca, jamás, se dio por vencido conmigo. Claro, yo no me encontraba envuelta en un hechizo de nigromancia que me impedía pensar con claridad. Yo solamente anhelaba la sangre y estaba atada a mi padre por razones de creación. Nada más. No obstante, él siempre supo que recobraría la razón. Tuvo fe ciega en mí. No comprendía por qué ellos no podían tenerla con el vampiro bueno, tal vez la idea de que hubiese atacado a su verdadero amor, les daba un poco de certeza en lo malo. Se perdían en ideas que, en lo particular, me parecían absurdas. No obstante, Antoine ya estaba con la enemiga más temible de Madison y ese era un punto crucial en su contra. No quedaba rastro de humanidad en él. Y todavía así, existía la esperanza que Madison parecía haber olvidado.
Es verdad. Viviste cosas terribles asintió abrazándose las rodillas como si tuviese frío.
“Cosas terribles” no son palabras que terminarían de describir mi vida, Madison ladeé el rostro. Los demás seguían en la cocina. Dom había salido a cazar y, contra mi voluntad, ordenó que me quedara. Como siempre, Bruno fue con él, y para mi sorpresa, también Ethan y Patrick. Decían que no estaban dispuestos a perder a un miembro más del clan. Así era, formábamos parte de este clan tan temido por mi raza. Había observado cómo Madison tomaba las llamadas de auxilio de los suyos, y aunque ya no tuviera sus poderes al cien por ciento, no reparaba en animarles. Se convirtió en una mujer digna de admiración en pocos días.      
Cuéntame, por favor requirió. La miré con asombro. ¿En serio me estaba pidiendo que le hablara sobre mi vida cuando la suya pendía de un hilo?
¿Quieres sentirte menos miserable por tus circunstancias escuchando las mías? Levanté una ceja con desdén.
No, solamente quiero comprenderte la amabilidad en su petición hizo que me aplacara y que le respondiera.
Nací, crecí, me convirtieron en bruja, luego morí y resulté ser vampira nata sonreí con ironía. Hoy en día vivo con hechiceros que no son de mi particular agrado y mi novio no me deja salir a cazar con él por algún motivo incompresible para mí.
En serio me animó. Quiero saber de ti por tu boca, no por lo que los demás me han dicho.
O por lo que los ancestros te gritan, o lo que le Poder Divino te ha hecho saber entrecerré los ojos. Ella sonrió.
Cierto asintió con la cabeza solemnemente.
Bien, Madison. Nací en una familia de padres adictos a las drogas y promiscuos. Sin saberlo, mi madre se acostó con un vampiro y yo fui concebida. Mi padre adoptivo me violó siendo una pequeña de diez años y después, siendo adolescente, asesinó a punta de arma al único hombre al que había amado y que me veía como persona. Una vez hecho esto, fue llevado a la cárcel donde murió tiempo después y yo reconocí con regocijo su cuerpo inerte. Mi madre se pudrió en un centro de rehabilitación donde jamás pudo ser rehabilitada. Estuve sola por mucho tiempo y, como no tenía estudios, nadie me daba trabajo, así que me moría de hambre en las calles. Flavio, un bastardo aprovechado de mi dolor, me ofreció trabajo como bailarina en un club donde solamente laborábamos chicas menores de edad. Mi salvación llegó cuando Renatta apareció. En ése entonces la conocía como Chrystal. Tenía solamente trece años cerré los puños al rememorar aquellos tétricos días. No te haré largo el cuento. Renatta y yo escapamos de ahí con un dinero que le robé a Flavio y nos fuimos por nuestra cuenta a vivir a una casita a la orilla de la playa.
Eso suena bastante bien —dijo. Hice una mueca de extrañamiento. ¿De todo lo que le contaba, sólo escuchó esa parte?—. ¿Te gustaba esa casa? –Preguntó honestamente. Miraba al fuego que crepitaba ante nosotras. Tenía el cabello suelto y sumamente largo cayéndole suavemente por la espalda. Continuaba teniendo una presencia muy imponente y hermosa, a pesar de su delgadez y obvia falta de vigor.
La adoraba. En las noches, cuando terminábamos de… “trabajar”, solía sentarme a la orilla de la ventana de la pequeña habitación a escuchar el oleaje. Me producía mucha calma. Extraño el mar. Es lo único que verdaderamente he amado antes de Dominic.
Prometo que lo verás de nuevo me miró con un dejo de esperanza. No supe qué decir, así que proseguí.
En una noche como cualquiera en las calles, conocí a Dom. No puedo decir que nuestro primer encuentro fue hermoso. De hecho, intentó matarme, pero al ver que no le temía y que en realidad deseaba que acabara con la pesadumbre de mis días, no pudo hacerlo. Dice que eso fue lo que más le sorprendió de mí. Yo digo que fue mi lengua mordaz carcajeé.
Sin duda alguna eso fue lo primero que le atrajo Madison escuchaba atentamente. Creo que nadie, además de Dom y Renatta, me había escuchado así en años. Me animó a continuar.
—Intentó asesinarme otras veces más, hasta que se dio cuenta de que no podía vivir sin mí —recordé la noche en el hotel Hilton cuando me descubrió con uno de mis amantes y le sacó de ahí con una sola mirada. Luego bebió de mí casi hasta el punto de la muerte, todo para salvarme minutos después y llevarme a casa—. Esa noche platicamos por primera vez como pareja, aun sin saber que ya lo éramos.
La bruja sonrió.
—Te comprendo perfectamente, aunque Antoine no me quiso liquidar al principio, sólo al final —las dos nos percatamos de cómo sonaron esas palabras y escupimos sonoras y auténticas carcajadas—. Quiero decir que él era quien me salvaba. En la primera plática real que tuvimos, me preguntó si como bruja usaba escoba para volar.
No respondí a eso y tosí para aguantar la risilla que intentaba escaparse de mis labios.
—Seguramente tú también lo hiciste alguna vez —aseveró sonriendo.
—Te mentiría si te dijera que no. Pero, prosigue —la animé. Se notaba la necesidad imponente de hablar… solamente hablar y que alguien oyera en serio, como ella lo hacía conmigo.
—Esa tarde fue nuestro primer beso en la casa de Pont. Él bautizó la casa de mis padres con ese sobrenombre, ¿sabías?
Negué con la cabeza.
—Fue hermoso cuando la reconstruimos. Ahí se hizo amigo de Ethan, mi ex novio para propósitos bizarros.
—Imagino —exhalé en son de empatía. Conocía esa historia. Bruno me la había contado.
—Al principio se detestaban, pero después no podían separarse. Sé que Eth le extraña mucho y se siente terriblemente mal por lo que ocurrió —comenzó a ponerse triste, así que la interrumpí y proseguí con mi historia.
—En fin, lo demás ya sabes más o menos cómo surgió. La primera vez que hicimos el amor, primera vez para ambos, me refiero a aquello de “hacer el amor” porque por supuesto que no éramos vírgenes ni nada parecido, cometí la estupidez de comentarle sobre mis sospechas sobre las brujas. Él supo de inmediato que me refería a Renatta y se volvió loco. Me abandonó y jamás me sentí más sola. Esa tarde me había enojado con Renatta por guardarme secretos, cuando yo jamás le dije que mi “novio” era un vampiro. Ella se fue, dejándome una nota que revelaba la verdad sobre su procedencia mágica y rogándome que no la fuera a buscar. Por supuesto, hice lo opuesto.
—Por supuesto —asintió Madison.
—Llegué hasta Orlando y los ancestros me guiaron hacia ella. Fue entonces que conocí a sus difuntos padres, Dante y Roberta Graciano, por quienes ascendí a la magia y fui bruja. O por ti, para propósitos bizarros —repetí sus palabras—. Fue hermoso sentirse parte de una familia por una vez… pero Damien, mi padre biológico del que no tenía conocimiento en esos momentos, les asesinó. Dom llegó a buscarme con Bruno, quien a pesar de todo, siempre creyó en nosotros. Después de una batalla contra Damien, huimos a un motel y ahí estuvimos enclaustrados por casi dos semanas o más, no recuerdo. Dom y yo descubrimos que no podíamos existir el uno sin el otro, mientras Bruno, siendo vampiro, se enamoraba más y más de mi pelirroja amiga. Todo iba bien hasta que me enteré de otro de los secretos que Renatta me guardó, al menos desde que me convertí en bruja de L’essence. Confesó todo cuando la acorralé: mi padre era un vampiro y yo había nacido para ser inmortal. Si me preguntas ahora, no sabría responderte a ciencia cierta lo que sentía al respecto. Una vez más de tantas, me vi traicionada por quienes amaba. Yo sabía que Dom no tenía conocimiento de esto, aunque lo que sí sabía era que si me convertía en vampiresa siendo bruja, la magia que poseía probablemente me mataría. Fue un enredo tremendo. Me enfurecí y hui, pero Damien me capturó. Él me transformó en sempiterna y se lo agradezco. Entre todas las cosas grotescas que hizo, esa es la única que siempre le agradeceré. Me regaló mi verdadera identidad. Amo lo que soy y no lo cambiaría por nada.
—¿Te arrepientes de las víctimas que tomaste? —Preguntó la hechicera.
—¿Me cuestionas esto para hacerme sentir mal? —Fruncí los labios suspicazmente.
—Para nada. Solamente trato de comprender un poco más a… a Antoine —la miré con genuino cariño y dije:
—Ah —me mordí el labio. Ella era una auténtica buena persona y yo estaba portándome increíblemente mezquina. No lo podía evitar. Seguía reacia a tenerla como amiga o algo parecido. Sin embargo, respondí—: Sí me arrepiento. De haber sabido que podía sobrevivir sin matar, lo hubiese hecho desde el inicio, pero no era lo que Damien deseaba para mí. Mi padre quería que fuese despiadada y luchara a su lado contra quienes amaba. Conocía mi fortaleza y la quería usar para combatir a sus enemigos. La magia desapareció en el instante en que fui transformada en vampiro. Nadie que haya nacido inmortal puede conservar las dos partes, lo que es distinto para quienes son transformados y subsisten con ambas, la magia y la inmortalidad, o al menos eso creemos. ¡Pero quién diablos iba a saberlo en ese entonces! El resto de la historia la sabes por Dominic, quien pidió tu ayuda. Bruno y Renatta fueron capturados cuando intentaron rescatarme y yo ataqué a Dom, dejándole la cicatriz que tiene hasta ahora en el pecho.
Mad tragó saliva ruidosamente.
—Hay ciertas cicatrices que no se borran con el tiempo —susurró.
—Tampoco el amor se borra con el tiempo —me atreví a asegurar—. Dominic arriesgó su vida por salvarme aunque intenté matarle, porque sabía que mi intención jamás fue esa. En todo mi dolor, en toda mi angustia, y en toda mi perdición, siempre le adoré… su fe en mí fue lo que me rescató de las tinieblas.
—Esto es distinto. Él está maldito, verdaderamente maldito —respondió la bruja poniendo el cuerpo un tanto rígido.
—Lo mismo dijo él —negué con la cabeza.
—¿En serio? —Inquirió.
—No tendría por qué mentirte. La noche que sucedió todo, hablamos a la orilla del pantano. Le dije que la maldición podía con él porque él mismo le daba poder. Es verdad que debía convertirse en un vampiro total, pero no hablábamos de alguien despiadado como Devorah. Simplemente necesitaba comprender su naturaleza vampírica. Intenté hacerle ver que, más que esperanza para ustedes dos, había certeza del amor de uno por el otro. Agradecimiento por lo vivido, amor verdadero. Sabía que la magia le estaba convirtiendo en un ser más obscuro, taciturno y temible, lo percibía. Sin embargo, creía en su adoración por ti. Aún creo en ella —confesé contra todos mis prejuicios.
—Pues yo pienso que Antoine se fue por el otro lado. Dom dijo que al final sería su elección, pero, ¿sabes? Ya no puedo esperar mientras mi pueblo cae a mis pies porque no soy suficientemente fuerte. Le perdono todo, aunque muera de dolor —la hechicera escondió la cabeza entre las rodillas. Quise acercarme para consolarla, aunque temí ser inoportuna—. No importa lo que hizo conmigo, eso está condonado. Sé que fue un accidente. No obstante, no me dejo de preguntar, de haber tenido elección, ¿lo hubiese hecho de todas formas?
—Él llegó a buscarte porque acababa de recordar que hacía casi un mes había cumplido cien años. Pienso que deseaba, de alguna manera, celebrarlo contigo, pese a que no pudiera tenerte. Temía hacerte daño y al final lo hizo. Pero, Madison, somos vampiros. Actuamos de manera errática sin desearlo porque sentimos todo al mil por ciento. No le justifico, repito. Pero de nuevo, me es imposible culparle. Al dañarte, se cubrió con el manto del olvido por instinto de sobrevivencia y por su misma maldición. Jamás viviría con el dolor de haberte matado, porque lo hizo. Optó cobardemente por el camino más sencillo, el que todos le decían que debía tomar, entregarse completamente a su naturaleza bajo las condiciones erróneas. De muy pocas cosas estoy segura en la vida y ésta es una de ellas: el amor que te tiene es el que le traerá de vuelta. Así como fue capaz de encerrar sus emociones por dolor y por comandos externos, así las abrirá por amor. No le juzgues por lo que haga ahora que está totalmente fuera de sí. La maldición ya le ha tomado. Fue Devorah quien le hizo descartar todo sentido de lo conocido. Solamente sus órdenes pudieron completar su amnesia y habrá tenido la ayuda del inmortal en él. Pero no fue el humano quien se enamoró perdidamente de ti… fue el mismo inmortal, y él será quien les salve, a ambos. Sus sentimientos por ti nacieron de la verdadera vida eterna, y no podrán morir mientras siga en pie.
Madison me miró con los ojos lacrimosos. Permaneció quieta unos segundos y luego me abrazó. No me esperaba esa reacción, así que por un instante me alejé. Sin embargo, terminé por abrazarla también. ¡Vaya! Después de todo, éramos bastante parecidas. ¡Maldito Poder sabelotodo! Farfullé a mis adentros. Sabías que seríamos amigas porque es imposible no quererla. Es una mujer maravillosa, sólo necesita a alguien a su lado que le muestre cosas desde otro punto de vista, y según lo comprendo, esa soy yo.  
Dominic cruzó la puerta de entrada junto con Bruno, Ethan y Patrick. Solté a Madison para ir directamente hacia mi amado. Le besé con muchísima pasión y entrega, alegrándome demasiado de que estuviera a mi lado y fuera quien fuera, con todo y su personalidad errática y muchas veces irritante. Él se sorprendió, pero me regresó el beso. Ethan carraspeó y se volteó.
—Tienes a una gran chica entre tus brazos —dijo Mad poniéndose de pie y saludando a los demás.
—Seguro que sí —sonrió mi inmortal con esos labios perfectos—. Y también estoy seguro de que tu gran chico regresará a su debido tiempo —miró a Madison con comprensión. Él conocía muy bien el sentimiento—. Es momento de que tú, preciosa, vayas a alimentarte ahora —me dijo—. No puedes estar débil.
—Yo iré con ella —dijo Madison. No sabía si en realidad deseaba tenerla a mi lado en momento de cacería, pero sus palabras me convencieron—. Quiero saber todo lo que tenga que ver con su tipo de alimentación. De esta manera, si mi amado en verdad regresa, nunca más le reprocharé su naturaleza…
Miré a Dom y me regaló otro beso.
—Creo que te has hecho de una amiga. Renatta se pondrá celosa —rió.
—Renatta tiene suficiente con Catalina —sonreí y le besé de nuevo—. Guarda fuerzas, guapo. Te veré en nuestra habitación una vez que termine el festín de sangre —le guiñé un ojo—. Será mejor que vengas cuando él esté conmigo —dije refiriéndome a Dominic—. Las cosas pueden ponerse extrañas y necesitarás a alguien que te explique.
—¿Juras que me llevarán luego?
—Lo juro —respondí como quien le hace una promesa a alguien a quien ama. En verdad era el comienzo de algo que jamás hubiese imaginado. Una amistad tan dispareja como alguna vez lo fueron mis sentimientos por Dominic.
 

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