jueves, 15 de septiembre de 2011

"Lujuria Disfrazada" Poema

Anoche viniste a mis sueños. Me tomaste entre tus brazos como si con certeza me amaras. Por primera vez no temí cuestionar lo que mi presencia te provocaba en el alma y solté de entre mis labios la confesión que con tanto cuidado guardaba. “Te amo”, dije mirándote a los ojos cafés verdosos como las hojas de un árbol al viento en una tarde de entrada de otoño. Así eres tú… libre y firme; no te agotas con la tormenta pero te quemas con el sol vejante. No puedo decir que eres mi ángel protector. Eso no. Más bien diría que eres mi diablo expositor. Has logrado que exhiba mi ser ante ti; mi cuerpo, manejándole a voluntad, ya que te di el control a la primera gota de ardiente sudor que soltaste en mi pecho marcado por tus palmas. Tú, mi lujuria disfrazada de amor. Te has convertido en una obsesión fervorosa y entrañable. Las imágenes de tu suave piel de porcelana saturan mis pensamientos como el alcohol a mis venas. Escribo estas palabras y me estremezco de agonía y regocijo, ambas tan firmes y lacerantes como ponerle pan en frente a un ciego muerto de hambre. La ambigüedad de tenerte y deber dejarte. No sabes lo que daría porque me permitieras besarte. Hacerte el amor vistiéndolo de perversión, sólo para despistarte y no fueras a dejarme. Has sido mío mil veces y aún no me perteneces. Jamás podría poseerte. Atarte al yugo de mi locura celosa acabaría por sofocarte. Además, nunca me permitirías acercarme a tal grado. Mi mal talante se ha convertido en mi peor aliado.
Que te amo, no te amo, mi demencia enajenante. Que anhelo tu viril faz, eso no puedo negarte. Deja que me resquemen tus manos, demonio vil y constante. Antes que dejarme ir, mejor adéntrate en mí; penétrame en este instante.
Sé que te volveré a ver, pero la espera se alarga; quisiera que arremetieras por debajo de mi falda. Violéntame, agítame, hazme saber qué te falta, para luego abrazarme y dormir, soñando otra vez con tu alma.
Me siento obscura y febril, recordando la escena de aquella noche en la calle. Me dejé seducir hasta la médula y lo notaste en detalle. Mi lascivo y cruento diablo, déjame otra vez hablarte, utilízame como lo has hecho y permíteme utilizarte.
Somos un par de adictos jugando con fuego indomable. Pobres tontos, niños perdidos en un universo inestable. Marchamos en soledad y añoramos compañía. La contradicción del presente es más grande que la mía. Desnudaste más que mi cuerpo, te llevaste igual otra parte, mi santidad y mi Dios, que jamás regresó a domarme.
Te deseo buena suerte porque mi egoísmo no dejaría alegrarme. Te quiero sólo para mí y para mí aunque me amargue.
Mi querido Lucifer, maldito, haz vuelto a soltarme, pero en tu infierno regresarás para de nuevo tomarme. Y en vida pereceremos ultrajando lo establecido. Provocando iras renovadas y escondiendo todo como asesinos de impecable semblante.
Extrañarte es mi martirio y con gusto lo he asumido, siempre con la esperanza de que tarde que temprano, un día vuelva a estar contigo.
Que te amo, no te amo, mi león vestido de oveja, pero clávame en tus brazos, impacta otra vez tus huellas y déjame probar tus labios, no importa me llamen pendeja.
Mi lujuria disfrazada, mánchame la piel de sangre
que en este “cuento de hadas” ya no importa quién me salve.

Mariela Villegas Rivero.

2 comentarios:

  1. me encanto ese poema... gracias por sacarnos unos suspiros de vez en cuando :)

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  2. MUCHISIMAS GRACIAS NINI... QUE BUENO QUE TE GUSTÓ HERMOSA! MUCHOS BESOS

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