miércoles, 2 de julio de 2014

“Hoy el Aire Huele a Ti” de Mariela Villegas R. GRAN ESTRENO INTERNACIONAL

Zona Excéntrica: “Hoy el Aire Huele a Ti” de Mariela Villegas R.: “Hoy el Aire Huele a Ti” (Novela de Romance Erótico)  de Mariela Villegas R.              



Hoy, mis amores, es el gran estreno internacional de mi nueva novela HOY EL AIRE HUELE A TI (Romance Erótico). Se trata de una historia relativamente corta (165 páginas) de pura sensualidad y pasión. Les cuento:



 

Sinopsis:
Idris Carrigan y Patrick Raynolds son amigos desde hace
mucho tiempo. Sus destinos se han visto apartados momentáneamente por razones
como el matrimonio y decisiones con resultados escabrosos. Pero una noche
inesperada, en un sitio donde las almas sólo buscan placer, volverán a
hallarse, por primera vez solteros y con ganas de acompañar sus soledades.
Algunas parejas son unidas por el amor, pero ¿qué ocurre cuando es el sexo, la
pasión y el dolor son los que te atan a la otra persona? Ambos estarán a punto
de averiguarlo y definitivamente se verán envueltos en un sube y baja de
emociones… al menos hasta que uno de ellos descubra el secreto del pasado del
otro. Una historia con narrativa fresca y contemporánea con la cual los
lectores se pueden identificar.



 

Descripción de los
personajes:


Idris es una joven que ha vivido una experiencia
terrible, no solamente en su matrimonio fallido, sino con cada tipo con el que
se ha topado. Es una mujer sumisa en la cama, pero tiende a actuar muy
honestamente en cuanto a sus sentimientos, dejándose llevar por ellos. No es la
típica protagonista amable, tierna y dócil. Es sarcástica, graciosa y muy
entregada a su sexualidad, la cual sabe que es el arma más poderosa que posee.
Nunca pensó en enamorarse y menos de Patrick, al que conoce como el peor de los
mujeriegos, con una pésima reputación y un misterio escondido en su mirada
penetrante y salvaje. Es un hombre que lucha por lo que quiere, y su tremendo
magnetismo y pasión le son de gran ayuda a la hora de conseguirlo. El contraste
entre estos personajes se vuelve algo magnífico cuando están juntos. Las
sonrisas con el dolor, los sarcasmos con la dulzura que ambos desconocen, la vida
con la muerte de sus almas, que apenas comienzan a recobrarse de sus terribles
andanzas anteriores. Idris y Patrick son la pareja que todos desean para sí,
pero que nadie admite necesitarla.
 


Reseña de la novela por Julia Vitelli (Escritora)
 

Como lectora compulsiva, tiendo a devorarme libros de
todos estilos y géneros, pero debo admitir que muy pocos me han atrapado como
lo hace el romance. He sido testigo de historias devastadoras, de verdaderas
tragedias literarias y del nacimiento de nuevos clásicos, y aunque no me
considero apta para dar del todo mi opinión respecto a esta o cualquier otra
novela (puesto que cada una posee alma propia debido al escritor que la hace
nacer), me atrevo a traerles esta reseña de la que considero la historia que
esboza el romance contemporáneo de nuestros días. “Hoy el Aire Huele a Ti” es
una novela relativamente corta de romance erótico que me atrapó desde un
inicio. Con sus primeras palabras (“…cuando por fin se despertaba, se cubría
con las sábanas para no dejar entrar lo que el nuevo día tenía para ofrecerle,
simplemente porque sabía con exactitud lo que le esperaba: otra buena cuota de
llantos y dolor agudo, esterilizante, otro calvario fulminante distribuido en
segundos, minutos, horas… Otra percepción demoníaca de lo terrible de su
soledad y de la magnitud de sus laceraciones…”), ya me tenía comiendo de la
mano. ¿Qué ser humano no ha sufrido el dolor de un fracaso amoroso? ¿Quién
podría decir yo soy aquella persona que ha encontrado la felicidad desde el inicio
de mi vida? Mariela nos trae el relato de la relación de dos buenos amigos
cuyas vidas se entrelazan en un tórrido y apasionado romance que nace casi sin
que se den cuenta. Idris Carrigan y Patrick Raynolds, dos jóvenes con dolores
agudos que intentan continuar con sus existencias después de sus desaciertos e
ilusiones fallidas. Encuentran apoyo el uno en el otro por medio de la unión de
sus cuerpos, alimentando sus deseos y fantasías más ardientes, dejando a lado
el mundo que les rodea. No todos están de acuerdo con su “malsano proceder”,
pero considero que esto no les impide dejarse llevar, a pesar de que sus
personalidades son tan parecidas que provocan colisiones que mueven al lector
hasta la médula.


Una historia sencilla, con lenguaje adecuado para el
público al que va dirigido puesto que no provoca incomodidad o sonrojos. Más
bien diría que es causante de calores inesperados y un deseo de no separarse de
la lectura. Narrada en tercera persona, la trama de la obra se va desarrollando
con fluidez y puede robar una que otra sonrisa con sus detalles finos de
sarcasmo y narrativa coqueta. No puede evitarse identificarse con Idris o
incluso con Patrick, quien es uno de los personajes masculinos más realistas
con los que me he topado. Arranca suspiros y muchas veces nos deja con la
intriga dibujada en el ceño, puesto que esconde misterios no tan sencillos de
suponer o incluso digerir conforme se va leyendo.


Definitivamente recomiendo “Hoy el Aire Huele a Ti” para
pasar un rato agradable en compañía de un cafecito o una copa de vino, y
definitivamente lo llevaré en el corazón por siempre. Cinco estrellitas para la
autora.
 

*Nota
de la Autora:

Novela inspirada en la canción “Hoy el Aire Huele a Ti”
del compositor Juan Carlos Calderón, interpretada por el cantante Luis Miguel
en su décimo primer álbum “20 Años”. 18 de Mayo de 1990.


Advierto que, aunque inspirada en la melodía, no tiene nada que ver con la letra. Hace la función de mi musa.
 
 
 
 
“El amor es una
amistad con momentos eróticos [...] La amistad es un amor imperfecto porque le
falta lo erótico. El eros es un amor imperfecto porque le falta lo amistoso,
con su firme y sosegada lealtad”

Antonio Gala.
“Charlas con Troylo”
 
 

Prefacio:


 


Un destino que une y separa al mismo tiempo a dos almas.
Amigos de hace años que descubren, gracias a la cercanía de los cuerpos, un
mundo diferente, erótico, sensual y precario. Idris y Patrick, personalidades
similares y muy distintas a la vez, volátiles, vehementes, se encontrarán
envueltos en la más tórrida relación por circunstancias que ellos mismos han
creado. Intentando escapar de sus pasados, hallarán un futuro alternativo lleno
de altas y bajas, pero donde siempre permanece una cosa: la pasión en una
melodía.


Capítulo 1:


 


Ella era una mujer recién divorciada, aunque su juventud
se notaba en la belleza de su perfecta piel broncínea, firme y divinamente
apretada a su estructura delgada, más delgada de lo que solía estar, porque la
depresión arrasaba con su sanidad. Sus pupilas verdes y profundas dejaban ver
una opacidad dentro de la cual se podía vislumbrar los mil años que las heridas
habían acumulado en su corazón. Era un cuerpo jovial que encerraba un alma
cansada. Pasaba muchas horas de la noche durmiendo y cuando por fin se
despertaba, se cubría con las sábanas para no dejar entrar lo que el nuevo día
tenía para ofrecerle, simplemente porque sabía con exactitud lo que le
esperaba: otra buena cuota de llantos y dolor agudo, esterilizante, otro
calvario fulminante distribuido en segundos, minutos, horas… Otra percepción
demoníaca de lo terrible de su soledad y de la magnitud de sus laceraciones.
Inhalaba profundamente y se ponía de pie, pero ya no podía dejar de moverse, lo
sabía. De otro modo, se sofocaría entre memorias que latían junto con su
agobiado corazón. Observaba todo bajo el manto gris de su desdicha. Si acaso
hacía una comida al día (eso si no se presentaban las imágenes de su amado
malicioso para arrebatarle el apetito) e iba a trabajar al kindergarten por
mera obligación, por cumplir con su función en la humanidad, a pesar de nunca
haber tenido clara cuál era esa función. Su nombre era Idris Carrigan.


Él era un joven lleno de vitalidad, aunque distaba mucho
de ser saludable. Sus días transitaban por el efímero camino del hedonismo. Los
fines de semana, se iba de fiesta en fiesta para esconder el vacío en su alma y
la carencia de honestidad hacia sí mismo. Su única meta en la vida desde la
devastadora ruptura con su antigua novia, consistía en follar a cuanta mujer
pudiera para recuperar un poco de lo mucho que había perdido. Ya no la amaba
aunque le fuera imposible olvidarla, cosa que intrínsecamente intentaba con
fuerza bruta. Su quebrantamiento con Yolanda era insoluble, como un espejo que
se rompe en mil pedazos. Era simplemente estúpido pensar en pegarlo de nuevo…
nunca dejaría de ver las grietas en su propio reflejo. Por lo tanto, derrochaba
sus mañanas y tardes en el gimnasio, siendo un instructor de los mejores, y una
vez que llegaba a casa en las noches completamente cansado y aburrido de su persona,
encendía la tele y miraba su serie predilecta, “Breaking Bad”, hasta que los
ojos se le cerraban. Era su rutina entre semana, pese a que había días
distintos. Algunas veces con todo y el agotamiento físico, precisaba del calor
de un cuerpo femenino, así que levantaba a alguna de las mujeres a las que
instruía en el “High Impact Center”, ubicado en el centro de Atlanta, la
capital de Georgia, o de plano se iba a algún bar para conocer carne fresca y
novedosa. Siempre terminaba seduciendo a alguien, puesto que su encanto era
innegable (estatura elevada, piel morena y limpia, cabello corto, negro igual
que sus ojos, un tanto despeinado, y músculos amplios que invitaban al pecado).
Era un amante fogoso y diligente, pero cuando terminaba sus juegos de galanteo,
lo primero que le venía a la mente era escapar, salir corriendo con cualquier
pretexto por más estúpido que pareciera (tengo
que pasear al perro; tirar la basura; regar las plantas, entre otros), así que nunca llevaba a nadie a casa. No era
feliz. Sin embargo, todo el juego evitaba que pensara en la cabida de alguna
diferencia entre su vida anterior y la presente. Su equipaje ya era en extremo
pesado como para añadir otras cosas a cuestas. Su nombre era Patrick Raynolds.


Ellos eran amigos hacía unos diez años. No se veían tan
frecuentemente como quisieran desde que Patrick se había ido a vivir con
Yolanda e Idris se casara, pero el cariño que se tenían era indudable. Alguna
vez, en una noche de bohemia, él le había confesado a Idris que le gustaba mucho,
que la quería para sí, que sabía que algún día estarían juntos. Ella sonrió
ante el halago, aunque lo negó rotundamente en silencio porque le conocía lo
suficiente (o creía conocerle). Sabía la clase de hombre que era y no deseaba
que le rompieran el corazón, por lo que le regaló un beso en la mejilla, le
miró a los ojos y dijo:


–Algún día.


Patrick intentó robarle un beso y ella volteó el rostro.
Se olvidaron de la situación cambiando de tema. Idris le apreciaba mucho como
para arriesgarse a perder su cariño.


Se conocieron gracias al hermano de Patrick, Darril, que
era pareja de Lena, la mejor amiga de Idris. La idea original era que Pat e
Idris se vieran, se deslumbraran con sus encantos externos e internos, y se
enamoraran, pero como todos sabemos eso no sucede en la vida real. Patrick era
más joven que Idris y a ella le resultaba muy inmaduro, a pesar de que
físicamente le había atraído sobremanera. La chica dijo un simple no,
restándole importancia al chico de ojos negros, y continuó moviéndose hacia una
ruta más segura, la de la confraternidad. Él hizo exactamente lo mismo, con la
diferencia de que la chispa sí se encendió en su corazón, aunque tuvo que
condenarla al arraigo por tiempo indefinido.


 Los años fueron
pasando y siguieron viéndose aquí y allá, formando un enlace fuerte pero sin
mayor relevancia. Hubo consuelos y caricias tímidas por parte de ambos cuando
lo necesitaron, aunque eran solamente eso, aliento brindado a un ser querido.
Patrick encontró a Yolanda, una antigua compañera de oficio de Idris. A pesar
de que se llevaba con ella, Idris no fomentó ningún vínculo real con la pareja,
ya que su matrimonio con un empresario exitoso de bienes raíces llamado Jace
Lewis, consumió casi enteramente su tiempo. Pero el presente llegaría para jugarles
la trastada de sus vidas…


Al divorciarse, Idris, en su desolación y aguda
desesperanza, comenzó a hacer lo mismo que Patrick: usar a los hombres como
acompañantes momentáneos de los cuales podía disponer y prescindir a su antojo.
Nadie le decía no por el simple hecho de que era muy hermosa, y porque su mayor
atractivo radicaba en el uso frecuente de la frase: “No deseo una relación
formal”. Daba su cama y su cuerpo a cambio de compañía. Continuaba devastada.
La diferencia era que ahora ya había superado la etapa de la depresión y se
encontraba en la fase de ira y venganza. ¿Venganza contra quién? ¿Contra todos
los hombres? No, para nada. Ellos eran los que salían beneficiados en sus
juegos. Más bien, se trataba de venganza contra ella misma, contra su estupidez
al haber permitido tanto pesar en su matrimonio, tanto maltrato, tanta basura
que la había convertido a ella en basura, porque se sentía así sin duda alguna.
La denigración a la que había sido sujeta la seguía hiriendo y transformaba esa
carga de desdicha en su mayor fortaleza a la hora del sexo. Llegaba el fin de
semana e Idris precisaba una buena fiesta o salida para poder conquistar a
alguien y dejarse llevar por sus malsanas y adictivas emociones. Los estallidos
de adrenalina que le provocaban las aventuras de una noche la mantenían
respirando. Ya que nadie se animó a organizar la reunión en su casa aquél fin
de semana en particular, Idris se ofreció para ser la anfitriona. Bebería
bastante, disfrutaría de sus amigos y al mismo tiempo flirtearía con el primero
que mostrara señal de interés… Nunca esperó que su lecho pronto fuera invadido
por un rostro conocido.


Había comprado una mesa larga y rentó varias sillas para
los invitados, colocándolas en el porche delantero. El ambiente estaba dispuesto
para una velada épica. Sacó las bocinas de su estéreo, concentrando sus gustos
en música en español porque sus amigos eran, en su mayoría, provenientes de
Sudamérica. Las personas comenzaron a arribar con sus dosis de licor y six
packs de cervezas, llenando completamente la nevera de Idris, teniendo que
utilizar también la tarja con hielos como equipo de refrigeración. Los amigos
habían llevado consigo a más amigos, y pronto la residencia se vio
congestionada. Algunos danzaban, otros charlaban, otros más se lanzaban
indirectas y coqueteaban, pero todos bebían. Cerca de la medianoche, Patrick
llegó junto con Darril y Lena, y se unieron a la fiesta. Idris les saludó
efusivamente, abrazándoles, puesto que no pensó verles ahí. Ya antes les había
invitado a reuniones y no se asomaban ni siquiera para decir “hola”. De todo el
grupo de camaradas leales, que era bastante grande, Idris era la que más
comprendía a Patrick, la que más platicaba con él y la que más le aconsejaba.
Ella creía que había bondad en él, a pesar de que todos le decían que Patrick
no era alguien en quien se pudiera confiar totalmente. Idris no era tonta,
sabía que Pat tenía defectos mayores y algunos secretos oscuros, pero aun así,
le guardaba un apego especial. Era la primera vez en mucho tiempo que ambos
estaban solteros al mismo tiempo, por lo que se sentaron a charlar y a ponerse
al tanto de las buenas nuevas, o en su caso, de las malas de siempre. Una vez
que hacían esto, era prácticamente imposible separarles. Bromearon, rieron,
hablaron de sus confidencias, de sus trabajos, de todo un poco. Idris trató de
que Patrick se abriera a ella en cuanto a sus sentimientos por Yolanda, su ex
novia, pero se negó rotundamente a hablar del tema, frunciendo el entrecejo y
cerrando los puños con disimulo, así que fue ella quien le contó la “maravilla”
que había sido su vida marital. No es que él estuviera al tanto de lo mal que
le había ido. Alguna vez la encontró en casa de Lena, un tanto alcoholizada,
vistiendo un short minúsculo, una camiseta sport, sin zapatos, habiéndose
escapado de la ferocidad de Jace. Esa noche se quedó con ella a escucharla
llorar y después se ofreció a llevarla a casa. Cuando estacionó el auto afuera,
se miraron por un largo rato… Idris quería besarle en esos instantes, pero ambos
sabían que sería un error. Él seguía con Yoli y ella estaba casada, sin
importar lo deplorable de su situación. Por tanto, Patrick se despidió
nerviosamente y le abrió la puerta para que se bajara, dándole un beso en la
frente para brindarle coraje y que se enfrentara al monstruo de cuatro cabezas
que le aguardaba.


De regreso a su presente, entre bromas y bebidas (porque
ambos perdieron la cuenta de cuántos tragos se habían tomado), Patrick hizo el
primer movimiento de flirteo real. Se acercó mucho a Idris y le dijo:


–Te ha sentado muy bien el divorcio. Te hace ver como una
mujer más atractiva, más interesante, más… sexy –sonrió mostrando su blanca
dentadura.


–Interesante siempre he sido, tonto –respondió la chica
con sarcasmo–. Pero debo confesar que tienes razón. Los hombres parecen
más  fascinados por mí, sobre todo cuando
les invito a entrar directamente a mi cama –ambos se carcajearon.


–Me imagino –dijo Patrick dándole un sorbo a su cerveza.


–No te lo imagines, pervertido –Idris le dio un codazo y
sonrió presumidamente.


Patrick la observó, elevando una ceja. No sabía si sería
prudente soltar lo que pensaba en esos momentos, pero lo haría de todos modos.


–Ya, hablando en serio. Muchos van a querer jugar
contigo. Debes tener cuidado –advirtió.


–¿Entre ellos estás tú? –Cuestionó Idris frunciendo los
labios–. Porque eso me ha parecido.


–Yo jamás jugaría contigo, preciosa –Patrick se mordió
levemente el labio, lo que encendió la mecha de la mujer–. Si fueras mía, te
tomaría como algo real.


–No bromees, por favor. Te conozco bien. No has tenido
nada real desde hace un buen tiempo y dudo mucho que yo pudiera ser lo que
buscas. Nuestras personalidades chocarían en el primer instante.


–No. Soy exactamente lo que necesitas. Si me dieras la
oportunidad, podría demostrártelo –insistió acercándose más.


–Patrick… –Idris negó con la cabeza–. Tú lo que quieres
es un acostón. Siempre has deseado estar conmigo, lo sé. Me lo has dicho cuando
estabas conquistando a Yolanda. Si le hiciste eso a ella, ¿qué podría esperar
yo?


–Tú eres mi amiga, es totalmente distinto. Me gustas, lo
sabes muy bien. No niego que desde que te conocí quise tenerte para mí. Como
bien dices, te lo confesé. Sin embargo, me resigné a que lo nuestro fuera una
simple amistad porque me cerraste las puertas. Yolanda nunca hubiera sido mi
novia de no ser por tu rechazo. A quien ambicionaba era a ti –respondió
decidido.


–Vamos a llamar las cosas por su nombre. Quieres cogerme
y dejarme. Conmigo no hacen falta tus mentiras y juegos. A mí me ganas con la
verdad. Dime exactamente lo que buscas y entonces podremos discutir si te lo
daré o no –Idris se encogió de hombros y uno de los tirantes de su blusa azul
descendió suavemente por su piel, dejándola descubierta. Patrick abrió mucho
los ojos y salivó.


–¿No me crees? –Rió suntuosamente–. Quiero que seas mi
pareja. No de inmediato, porque sé que no podrías, pero tal vez más adelante
–se acomodó en su asiento, intentando disimular su creciente excitación. Idris
en verdad le fascinaba. No era como las otras mujeres con las que había estado.
Era suelta, chispeante, inteligente y le prestaba toda su atención. Nadie
parecía querer escucharle, realmente escucharle, pero la chica siempre le daba
todo de ella.


–¿Así como Alberto quiso? –Inquirió Idris haciendo
referencia al primer chico que le había roto el corazón. Patrick se encontraba
a su lado aquella noche en Lake Lanier cuando ella lloró por el desdén que
había sufrido a manos de ese patán (así era, Idris no tenía idea de cómo
escoger a sus hombres. Siempre terminaba con el peor y más peligroso que
pudiera encontrar. Patrick no era una excepción, según lo pensaba). Sin
embargo, para Patrick, su tristeza presentaba otra oportunidad para demostrar
lo mucho que le importaba. La había visto más hermosa e inalcanzable que nunca,
con las lágrimas adornando sus sonrosadas mejillas. No pudo evitar llegar hasta
a ella y tomarla entre sus brazos. La sintió pequeña, frágil. Tenía una
necesidad sobrehumana de protegerla. La acarició y enjugó su llanto, diciéndole
que ese imbécil no la merecía. Ella percibió la fuerza del cariño de su amigo y
la apreció, pero ni siquiera así deseó tenerle como novio. Ya había pasado
mucho desde eso.


–No puedes compararme con ese bastardo –soltó ofuscado–.
Te consta que te consolé hasta que te tuviste que ir.


–De acuerdo. No eres como él. Puedes ser mil veces peor.


–Idris… –dijo en tono de advertencia.


–Patrick, ya es suficiente. Sólo dime si buscas cogerme. No tienes que endulzar más las cosas
–Idris se terminó la cerveza que tenía en la mano y se percató de que ya estaba
un poco mareada, pero no le importó. Si su amigo decía que sí, ella se
acostaría con él. No tenía nada que perder más que su amistad… Bien, sí tenía
algo importante que perder. No obstante, se dejaría adorar por aquél cuerpo tan
delicioso de una buena vez. El alcohol potenciaba sus sentidos y debía admitir
que Patrick se veía mejor que nunca, más varonil y bravío. Le deseaba y lo
tendría. Esperó unos segundo más y observó cuidadosamente sus reacciones. Él no
sabía qué decir. Se llevó una mano a la barbilla y luego al cabello alborotado.
Al ver que no contestaba, Idris se levantó de la silla, dispuesta a irse con
cualquier otra persona. Patrick se puso de pie junto con ella y la detuvo,
dándole la media vuelta, tomándola de los hombros con fuerza.


–Está bien, sí. La respuesta es sí –dijo agitado.


–¿Sí, qué? –Cuestionó la chica, retándolo y acercándose
más a sus labios.


–Sí quiero cogerte –Patrick la besó, pegándola
completamente a su anatomía fornida. Idris se puso de puntillas para poder
fusionarse bien con él, entrelazando los dedos en su cabello suave y sedoso.
¡Vaya que sabía bien! Patrick jugó con la lengua de la chica, succionándola,
explorando la plenitud de su boca, e Idris se dejó invadir con gusto,
masajeando la suya con fervor. Se olvidaron de todos en la fiesta, a pesar de
que las miradas se clavaron en ellos por tan apasionado beso público. No les
importó. Sólo podían sentir. Patrick daba crédito a lo que estaba ocurriendo.
Por fin follaría a Idris. Se lo había imaginado tantas veces, de tantas formas.
Le había dedicado un buen número de masturbaciones y ahora, la tenía aquí.
Podría hacer con ella lo que le placiera. Se entregaba voluntariamente. Idris
se movió para pegarle los senos endurecidos al tórax. Estaba muy excitada y
percibir sus músculos apretándola, seduciéndola, casi ultrajándola, le
encantaba. La mano del chico descendió hasta el trasero de su amiga y lo
estrujó con fogosidad absoluta mientras se dirigían a la estancia.


–Vamos a la habitación –sugirió Idris al darse cuenta de
que todos los ojos les comían vivos. Patrick sonrió y asintió. Se tomaron de la
mano y corrieron para subir las escaleras de la casa y llegar hasta el cuarto.
Una vez ahí, Patrick cerró la puerta tras él y su mirada penetró las pupilas de
la chica. Era una mirada cargada de lascivia, de salvajismo, como un león que
quiere arremeter contra un corderito. La diferencia era que Idris no era ningún
cordero asustado. Ella podría comérselo vivo con igual entusiasmo. Se aproximó
y le tomó de la camisa para volver a besarlo. La humedad se apoderó de sus
sentidos. Besaba deliciosamente. Nadie la había besado con tanto arrebato antes
y eso le gustó. Él metió sus dedos en sus cabellos rizados y la presionó más
contra sí, degustándola, y luego bajó hasta sus senos, apretándolos. Idris
soltó un gemido en su boca, provocándolo más. Le tomó los tirantes de la blusa
y en su afán de quitarla del camino, los rompió. La chica rió con euforia.


–Acaba con ella. No la necesitamos –invitó.


Patrick rompió en dos la blusa, lanzando los restos al
piso. Le besó el estómago, lo lamió, poniendo especial atención en su ombligo.
Removió el sostén con una mano y se separó de sus labios con desesperación para
besarle los senos broncíneos y jugosos. Patrick sentía que no le daban las
manos para tocarla. Quería colocarlas en todas partes. Idris se removió de
placer al sentir la lengua de Patrick en sus pezones sensibles. Bajó las manos
para desabrocharle el cinturón y quitarle los jeans y los boxers. Su erección
tremenda quedó liberada ante los ojos atónitos de la chica. Lo había imaginado
sustancioso, pero nunca tanto. Le quitó la camisa a Patrick que jadeaba sin control
y pasó sus delgados dedos por los cuadros marcados en su abdomen. Descendió
serpenteando por su anatomía hasta llegar a su miembro. Levantó la vista para
mirarle a las pupilas, como pidiendo permiso para lo que pensaba hacer, y él
asintió agitado.


–Por favor, hazlo –dijo el joven animando a su amiga a
besarle el sexo. Idris lo tomó entre sus manos y comenzó a pasarle la lengua en
la punta, blanda y ensanchada. Se percató de que ya estaba lubricando y bebió
el néctar que dejaba escapar. Posteriormente, lo metió poco a poco a su boca.
No creyó poder dejarlo entrar del todo, aunque lo intentaría. Succionó, subió y
bajó, acariciándole el trasero, las piernas, todo lo que alcanzaba.


–¡Aghh! –Gruñó Patrick. Esto era demasiado intenso.
Sudaba, gemía y ella también lo hacía. Sintió que iba a terminar y se salió.


–Está bien, puedes acabar en mi boca. Me gusta –murmuró
Idris, volviéndolo a tomar. Escuchar esas palabras lo extasió por completo y
dejó que siguiera hasta que se soltó en un orgasmo verdaderamente demencial.
Cuando recuperó la fuerza y el aliento, levantó a Idris como pluma y la tiró a
la cama.


–Quiero probarte –dijo despojándola de los pantalones con
extrema rapidez, abriéndole las piernas para entremeter su rostro. Su aroma lo
desquició y presionó su boca contra sus labios humectados, aquellos labios que
se guardan y que no hablan, pero que pueden decir demasiado. La saboreó,
introduciendo su lengua en la hendidura, moviéndola en círculos pequeños. Idris
se mojaba cada vez más y él la absorbía con placer. Los gritos comenzaron a
escucharse y Patrick tuvo que taparle la boca.


–¿Quieres saber lo deliciosa que eres? –Preguntó entre
jadeos.


–Sí, lo quiero –respondió Idris, besándole la boca. Todo
el cuerpo del chico quedó encima de ella. Su miembro se le clavaba en el
vientre y ya no podía esperar a tenerle dentro, por lo que tomó la iniciativa y
movió las caderas para que le rozara y se abriera camino. La fricción era tal
que ambos se clavaron las uñas donde alcanzaron con delirio.


–Ponte esto –Idris abrió el cajón de su mesita de noche y
le entregó un condón–. Debemos ser precavidos –le guiñó el ojo.


–De acuerdo. Estoy totalmente de acuerdo –en ese punto,
Patrick hubiera dicho que sí a lo que fuera. Se lo puso mientras Idris le
miraba y sonreía. Se sentó en la cama y se colocó a la chica a horcajadas. Ella
le presionó con sus piernas, abriéndose suave y lentamente para él. Bajó y le
cubrió por completo con sus paredes ardientes y entonces fue él quien pegó un
grito muy parecido a un gruñido gutural.


–¡Mierda! Eres más deliciosa de lo que imaginé –se
sacudió mientras Idris meneaba las caderas como toda una experta, matando a su
amigo.


–Así que lo habías imaginado. ¿Te agrada? ¿Es como lo
pensaste? –Preguntó moviéndose más violentamente, llevándose uno de los dedos
de Patrick a la boca para lamerlo.


–¡Oh, no! No. Eres, por mucho, más exquisita. ¡Ah! –Idris
le acarició con vehemencia el pecho, clavándole las uñas sin marcarlo,
besándole. Patrick la levantó y la puso de espaldas en la cama para tocar y morder
su trasero redondo. Se podía decir que exploraría todos sus rincones si ella se
lo permitía, y como no había puesto objeción, continuó degustándola. Luego,
volvió a embestirla, hundiendo el rostro en su cabello olor a coco y chocolate.


–Patrick, tú también eres delicioso –susurró, gimió y
gritó Idris. La euforia de aquél primer encuentro quedaría grabada en sus
mentes por siempre. Cuando todo es demasiado, suele ocurrir que nace una
adicción al cuerpo del otro ser. Ellos eran oficialmente adictos el uno al
otro. Terminaron en armonía plena, cubriéndose las bocas para que nadie más
oyera sus aullidos. Después se besaron apasionadamente y cayeron rendidos.
 



Venta en Amazon (Impreso y Kindle)...
*CreateSpace (Impreso): https://www.createspace.com/4864458
Página de mi novela de romance erótico Hoy El Aire Huele a Ti en Facebook: https://www.facebook.com/pages/Hoy-el-Aire-Huele-a-Ti-Mariela-Villegas-R/555357754585652?fref=ts
 
 
ESPERO SINCERAMENTE QUE DISFRUTEN ESTA NUEVA HISTORIA QUE LES TRAIGO CON TODO MI AMOR. UN GRAN ABRAZO A TODOS MIS VAMPIROS Y MIS LUNAS.
MARIELA VILLEGAS R.


 
 
 

 
 


3 comentarios:

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    Dr. Okaka.

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  3. Estoy muy feliz de decir a cada uno escuchar mi testimonio dirá. soy Tracy Johnson de estado unido, soy una enfermera, esta historia de amor de mis vida.yo han estado casados ??por 4 años y en el quinto año de mi matrimonio, otra mujer tenía que llevar a mi amante lejos de mí y mi marido me dejó y el niños y nos han sufrido durante 2 años hasta que me encontré con un post donde este hombre Dr. Kakuta haber ayudado a alguien y yo decidimos darle una oportunidad para ayudar a traerme mi amante de vuelta a casa y me creer que acabo de enviar mi foto para él y la de mi marido y después de 48 horas ya que me han dicho, vi un coche se acercó a la casa y he aquí que era mi marido y él han llegado a mí y los niños y que es por eso que estoy feliz de hacer que cada uno de vosotros en similar a cumplido con este hombre y que su amante de nuevo a su self.You puede ponerse en contacto con él con esta dirección de correo electrónico {} kakutaspellz@gmail.com o todavía se puede llamar o WhatsApp él en su móvil 2348168199202 Gracias Dr. Kakuta.

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